YIN NO ES MUJER, YANG NO ES VARÓN

02 YIN NO ES MUJER, YANG NO ES VARÓN

(articulo original publicado en la revista UNO MISMO, Buenos Aires, abril-mayo 2016)

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Existen dos leyes que rigen la construcción y dinámica de las formas que nos definen a los humanos, nuestro mundo, y a nuestra realidad. Una se aplica a la materia y la otra al espíritu. La que rige la estructura material consiste en dinámicas de procesamiento de polaridades físicas y en el caso del ser humano psicológicas. La Ley que rige el espíritu es singular, holística y trascendente. No formula. Engendra, disuelve, transmuta, refina y eleva. Guía y trasciende la inteligencia humana cuando hemos comprendido, abrazado y optado por una vida en neutralidad, refinamiento y elevación. Hasta entonces, la inteligencia que usamos es un atributo de la materia a la cual se apega. Es fundamental comprender y abrazar las leyes físicas y despertar la Conciencia que, al respetarlas, las dominará.

En nuestra escuela llamamos Principio Masculino y Principio Femenino a dos fuerzas que de manera paralela definen el universo material, así como la evolución y elevación humana. Tanto el Principio Masculino como el Femenino contienen lo que en el oriente se conoce como yin y yang.

Yin representa la fuerza de atracción; su movimiento origina en la periferia y se concentra hacia el interior. Al mismo tiempo su giro irradia influencias sutiles en dirección contraria. Yang representa la actividad de la fuerza que se proyecta del centro hacia la periferia, simultáneamente emanando ondas sutiles que reverberan en el centro.

Yin-yang describe la dinámica del movimiento perpetuo de la vida o Creación. La transformación o la alquimia son un resultado del encuentro de estas fuerzas opuestas y complementarias. Como veremos, cada complemento existe dentro del otro, catalizando interna y externamente un proceso de cambio continuo, y afectando fenómenos energéticos mucho más extensos que los visibles. Determina la creación, movimiento y expresión de nuestro sistema físico y todo en la naturaleza, desde lo planetario hasta lo humano y los elementos.

El taoísmo enumera las características clásicas del concepto yin-yang en el universo físico, y a mediados del siglo XX cuando se popularizaron las ideas orientales, estas se aplicaron directamente al comportamiento del ser humano también, dando nacimiento a una gran confusión. El error surgió cuando se aplicó el concepto yin-yang a los papeles e identidades sociales de los géneros, sin considerar el rol determinante de la Conciencia. La materia evoluciona pero la Conciencia expande; no responde a las leyes naturales.

Por más inofensivo que aparezca, esta confusión alimenta estereotipos sociales arcaicos, perpetuando la idea de dependencia entre los géneros y la fácil categorización de fuerzas psicológicas programadas que nada tienen que ver con las aptitudes o perspectivas otorgadas por la estructura del género.

La filosofía taoísta trata las leyes de la naturaleza; el ser humano es entendido a partir de sus funciones orgánicas y según su identificación y resonancia con la materia. En la naturaleza una fuerza crece y la otra es obligada a concentrarse de modo a provocar una transformación física. Sin embargo, en la alquimia, la transmutación no ocurre por virtud de un ingrediente polar, sino por efecto de la energía espiritual de la Conciencia.

El hombre y la mujer no son meros fenómenos físicos del universo y por lo tanto no pueden ser comparados a la noche y al día, a la luna y al sol. Su existencia no depende del otro. Ellos no se consumen y se generan mutuamente como demuestra la ley química, ni forman un equilibrio dinámico de modo a que cuando uno aumenta el otro disminuye. Los géneros tampoco se transforman en su opuesto por voluntad o maniobra física.

En resumen, el ser humano manifiesta la ley de la dualidad por su conexión e identificación con la materia física, pero también demuestra la singularidad y trascendencia de la Conciencia que permea su inteligencia. La parte física responde a las leyes de atracción y rechazo, de expansión y contracción, o sea a las características clásicas del yin y yang, pero no así la Conciencia que es espíritu. Los géneros son manifestaciones únicas y paralelas del espíritu.

Es poético decir que la mujer como el yin se asemeja a la luna, el frescor y la tierra, y el hombre como yang al sol, el calor y los cielos, pero no son más que metáforas para las maneras en que la mujer y el hombre expresan sus facultades de Conciencia por medio de la materia. En un ser consciente la “cualidad” de refinamiento de esas expresiones refleja el dominio sobre sus facultades y la materia que le viste.

 La estructura y campos energéticos de género

 En el ser humano, el cuerpo físico determina la polaridad y la secuencia de campos energéticos que lo rodean e inter-penetran. En un estudio minucioso del la anatomía sutil vemos que estos campos energéticos corresponden a actividades focalizadas en centros (chakras) dentro del propio cuerpo. Para simplificar, me referiré a esta actividad en los diferentes cuerpos en el hombre y en la mujer.

Debido a su juego de polaridades, la perspectiva u orientación, o sea el comportamiento de cada género es afectado cualitativamente con leves pero importantes distinciones. En ambos modelos masculino y femenino, se manifiestan las fuerzas yin y yang, que se alternan de modo único.

La química y la polaridad predisponen la percepción y el comportamiento del género en el mundo. Dentro de las variantes de cada categoría (i.e. física, emocional o mental) hay comportamientos estereotipados que manifiestan fijaciones y manifestaciones exageradas o extremas. Esta tendencia aparece en el cuadro adjunto como “distorsión”. El símbolo + representa la polaridad yang y – equivale al yin del campo energético indicado.

Físicamente, el género masculino encarna la polaridad positiva yang de proyección, cuyo ejemplo es el pene y el impulso direccional producido por la testosterona. De igual modo, físicamente, el género femenino encarna la polaridad negativa o atrayente yin ilustrada por su cavidad vaginal y el magnetismo que ejerce.

Consta que energéticamente el hombre nunca podrá ser como la mujer, ni la mujer como el hombre. El campo emocional de una mujer será cualitativamente diferente al campo de un hombre; de igual modo el aura mental de un hombre será radicalmente diferente al de una mujer, aunque los índices intelectuales sean idénticos y sus emociones igualmente profundas.

Dentro de esta gama de frecuencias asociadas a las habilidades del cuerpo y los campos de la personalidad, se abre un abanico de variantes del yin y del yang.

Ahora veamos como se traslada y la influencia de la polaridad en los otros cuerpos, emocional, mental y espiritual, tanto en el hombre como en la mujer.

En el hombre

La predominancia polar a nivel físico en el hombre es yang. Se destaca como constructor, el “hacedor” por excelencia manifestándose entre extremos de tiranía y debilidad.

Lado a lado a las expresiones direccionales y enérgicas, competitivas casi atléticas, y la fuerza contundente y decidida del hombre, características típicas yang, aparece la capacidad tenaz, paciente, individualista, comedida, sustentadora y calma, la contrapartida yin que aún siendo receptiva no es “femenina”.

Al nivel emocional, veamos como su polaridad adquiere la tonalidad yin que expresa su naturaleza soñadora suave como deseo y ternura vulnerable e internalizada. El yang en este caso lo hace aparecer apasionado, impulsivo y expresivo. Las emociones pasan por una ligera activación de su yang físico básico y no por la sutileza que caracteriza a la mujer.

En el segundo nivel, el emocional, los extremos de distorsión básicos masculinos oscilan entre la desconexión que el hombre sufre constantemente con sus sentimientos más comunes, y la provocación o desafío emocional que suele instigar.

Cuando nos referimos a las comunicaciones hablamos del intelecto, el proceso mental normal. A nivel del cuerpo mental, la energía masculina nuevamente se alterna a la polaridad yang. Aquí el hombre adquiere dominancia por medio de su yang dinámico y constructor de formas, moldes, patrones que sirven el mundo físico, aumentan su potencial yang físico mientras conversamente la distorsión exhibe extremos de ensimismamiento y fanatismo.

El mundo actual le pertenece al hombre, como dice la canción “It’s a Man’s World”. Él representa la ley y la autoridad, el orden y el conocimiento por medio de la lógica. Es el líder persuasivo y utilitario, el gestor de la sociedad, transluciendo paralelamente su lado yin como diplomático, abstracto, analítico y desapegado.

En la mujer

A nivel físico, a diferencia del hombre, la polaridad preponderante de la mujer es yin. Lado a lado a las expresiones típicas femeninas en su yin, como resistencia y atracción magnética y sensibilidad física, y la habilidad de saber cuando ceder y como absorber, aparece su lado yang, la ferocidad leonina como preservadora y guardiana de la vida. Su cuerpo expresa esa parte yang al ser fuerte, dinámica y exteriorizada. Esto no la hace “masculina”. Sus extremos como distorsión aparecen como manifestaciones de rendición y agresión.

Esté donde esté y haga lo que haga, la polaridad yang a nivel emocional de la mujer domina el ambiente con expresiones abiertas o insinuadas potentísimas. Seductora por naturaleza, a este nivel la mujer suele ser intensa y envolvente, manipulativa, retadora y dominante. Al mismo tiempo continua siendo impresionable, susceptible, serena y sutil, irradiando mismo así su aspect yin. Por otro lado, en su distorsión aparece como histérica con excesos y manipulaciones dramáticas imposibles de ignorar.

El pensamiento de la mujer es holístico e intuitivo, versátil y multidimensional en su cualidad preponderante yin, mientras que su yang se ocupa de ejercer vigilia y cautela, flexibilidad y una enorme capacidad creativa que aprovecha vías indirectas y alternativas (no lineales) de manera muy práctica.

A nivel mental, la mujer ofrece una función de integración única.

Aunque las desventajas que ella ha sufrido hasta este ciclo se estén equiparando con muchas ventajas, la mujer no posee el mismo tipo de impacto o dominio mental que el hombre. En su distorsión puede moverse entre extremos de descontrol y control mental exagerados.

A nivel espiritual en ambos géneros

Todo cambia para el hombre y para la mujer a nivel espiritual cuando aumenta la influencia de la Conciencia sobre las previas tendencias materiales. Aunque nunca podrá cambiar el mecanismo básico de su género, sí la cualidad o efectos de sus expresiones.

La influencia de la Conciencia queda subyugada por las fuerzas de la materia, hasta que cada género haya integrado las lecciones y aprendizajes en el manejo de sus polaridades en el mundo físico. Una vez “despierto”, el ser humano será capaz de modificar la cualidad de las fuerzas que cataliza constantemente a su alrededor.

De repente influye la energía de la Conciencia, alterando radicalmente la polaridad positiva del hombre y tornándolo infinitamente más receptivo. Le obliga a salir de sus patrones del pasado basados en su yang físico y mental dominantes. Debe saltar a una expresión yin, que aún siendo un aspecto refinado de su yang básico, le acarrea muchísimos contrastes y conflictos, pues al activar ese aspecto sensible lo lanza a un comportamiento cualitativamente distinto a lo habitual y a una identidad nueva.

Le da la oportunidad de convertirse en maestro sensible y receptivo. Sin embargo, la distorsión hace que el hombre a menudo se manifieste entre extremos de bondad que le hacen parecer débil y rigidez mental que lo pueden convertir en un intelectual superficial.

Espiritualmente, la misma inversión de polaridades que ocurre en el hombre ocurre en la mujer. Sus energías saltan a la polaridad yang de su yin, pero en lugar de desconcertarla (como ocurre con el hombre) este estado despierta fuerzas yang mentales que juntándose al aspecto yang emocional le prestan muchísimo poder de manifestación. Sin embargo, en su distorsión puede transformar esta manifestación en ingenuidad o dureza.

Para la mujer la activación de la Conciencia significa el nacimiento de la sacerdotisa y la visionaria. Al salir de sus patrones fuertes yin se vuelca hacía el potencial yang de su género lo que le presta muchísima fuerza, convicción e influencia sobre su alrededor.

Todo depende de la voluntad del individuo cuando logra contactar lo que son las fuerzas de la Conciencia, que son únicas y no sujetas al capricho o insistencia humana, al simulacro o a la afectación. En genuina sensibilidad, las características espirituales del hombre y la mujer lo convierten en seres realmente Humanos, el Hombre y la Mujer Interior.

Para esto trabajamos y con ello contamos para un futuro mejor.

CUADRO I – CARACTERISTICAS CLÁSICAS DEL YIN YANG (WIKIPEDIA)

  • El yin y el yang son opuestos. Todo tiene su opuesto, aunque este no es absoluto sino relativo, ya que nada es completamente yin ni completamente yang. Por ejemplo, el invierno se opone al verano, aunque en un día de verano puede hacer frío y viceversa.
  • El yin y el yang son interdependientes. No pueden existir el uno sin el otro. Por ejemplo, el día no puede existir sin la noche.
  • El yin y el yang pueden subdividirse a su vez en yin y yang. Todo aspecto yin o yang puede subdividirse a su vez en yin y yang indefinidamente. Por ejemplo, un objeto puede estar caliente o frío, pero a su vez lo caliente puede estar ardiente o templado y lo frío, fresco o helado.
  • El yin y el yang se consumen y generan mutuamente. El yin y el yang forman un equilibrio dinámico: cuando uno aumenta, el otro disminuye. El desequilibrio no es sino algo circunstancial, ya que cuando uno crece en exceso fuerza al otro a concentrarse, lo que a la larga provoca una nueva transformación. Por ejemplo, el exceso de vapor en las nubes (yin) provoca la lluvia (yang).
  • El yin y el yang pueden transformarse en sus opuestos. La noche se transforma en día, lo cálido en frío, la vida en muerte. Sin embargo, esta transformación es relativa también. Por ejemplo, la noche se transforma en día, pero a su vez coexisten en lados opuestos de la tierra.
  • En el yin hay yang y en el yang hay yin. Siempre hay un resto de cada uno de ellos en el otro, lo que conlleva que el absoluto se transforme en su contrario. Por ejemplo, una semilla enterrada soporta el invierno y renace en primavera.

CUADRO II – YIN-YANG EN EL HOMBRE Y EN LA MUJER (propiedad intellectual de Zulma Reyo)

YING YANG en la mujer y en el hombre

 

(anexo)

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