UN RECORDAR ESPECIAL

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UNA FORMA ESPECIAL DE RECORDAR

El amor abre puertas que nunca se cierran

 

Me sorprende constantemente lo difícil que es para alguien recordar cómo realmente se sintió en el pasado, independientemente de si el recuerdo sea agradable o desagradable.

La memoria contiene todo tipo de impresiones. Tendemos a distorsionarlas cuando se trata de contenido emocional. La “memoria” se traduce generalmente en lo superficial o anecdótico y selecciona ciertos elementos pero no arroja luz sobre la textura viva de la experiencia. Las fiestas y reuniones son un escenario especial en donde caemos en este tipo de recordar, retratos dramáticos de recuerdos vividos o imaginados, transmitiendo detalles vivos pero planos. Los sentimientos están restringidos a una descripción vaga de juicio. Es entretenido y la mayoría de la gente se queda ahí.

La calidad de la memoria que activamos tiene que ver con la calidad de atención o importancia que colocamos en la vida y el significado de nuestro viaje personal. La memoria “normal” superficial reduce la sensibilidad emocional y la sensibilidad del alma, limitándola a las asociaciones intelectuales y a la evaluación.

Siempre me entristecen las personas que ignoran los sentimientos que han vivido, como si no tuvieran más importancia, y los suplantan con los más recientes considerados “mejores”. Como si los sentimientos fueran cosas que podemos definir en el tiempo y en el espacio. Como si los actuales “contratos relacionales” determinaran el significado de nuestras vidas. Como si amar a alguien de manera plena y profunda pudiera disminuir la intensidad de amor que podemos tener por otro en el presente o en el pasado. Peor aún, excusamos los sentimientos colocándolos en categorías, de modo que nadie, menos de todos uno mismo, pueda sentirse amenazado. El amor es amor. Nuestro amor por los amigos no debería competir con el de nuestros amantes, o el de los amantes con el envolvimiento emocional que tenemos con nuestros hijos. Las expresiones pueden ser diferentes; los sentimientos son los mismos. La desilusión, el miedo o un corazón partido no pueden borrar el júbilo que una vez experimentamos.

Demasiadas personas se endurecen por el amor o por su ausencia, el miedo, en lugar de ser envalentonados a explorar y honrar la plenitud del corazón. Es mucho más fácil y divertido ser frívolo y olvidadizo, ligero, distante y condicional. Esto sucede porque insistimos en equiparar los mundos de la sensibilidad y la Conciencia que funcionan en totalidad y en unidad, con el mundo de la materia y las leyes de la polaridad. Recelosos de perder lo que creemos tener o de parecer desleales, los amantes olvidan con demasiada facilidad a quién y con qué profundidad aman y han amado a otros.

El amor no ocurre por su cuenta; tampoco se restringe a categorías.  El amor no puede ser juzgado, contrastado, comparado u olvidado.  Siempre es un reflejo de relación, incluso si es con el nacer del sol, un árbol, la vida, mi abuela, un amante ardiente, o mi perro. Se origina en mí y por mí; lo que lo desencadena es incidental. Es la plenitud de mí mismo. Sin embargo, queda un cierto cariño especial por los desencadenantes que lo hicieron posible. Negar a cualquiera de ellos es negarme a mí mismo.

El amor otorga belleza y hace a todos especiales; ninguno es más especial que otro. Vivir de otra manera es deshonrarse a sí mismo y a los que hemos amado. No importa si nos amaron de vuelta, porque el amor no es un reflejo del mérito debido o denegado; nos revela a nosotros mismos.

Las experiencias, o más bien la naturaleza de ellas, nos definen, y esto depende enteramente de cómo las abrazamos, calificamos y recordamos. Los sentimientos caen en el ámbito de la sensibilidad y el reino de la Conciencia. Ellos ocupan un espacio de calidad dentro de nosotros que define Quien somos.

La experiencia forja el alma; enseña el equilibrio y cómo saborear la vida. A menos que seamos un ser humano valiente, un poeta, un artista o una mujer, cerramos mentalmente las puertas, que, de hecho, nunca podrán cerrarse una vez que hayamos visto la vida a través de ellas.

Reconoce con orgullo a todos los que has amado, y a ti mismo.

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