PRINCIPIOS MASCULINO Y FEMENINO Primera Parte

EL PRINCIPIO MASCULINO Y EL PRINCIPIO FEMENINOSlide1

PRIMERA PARTE

La civilización responde a la actividad de dos modalidades concurrentes de expresión humana que juntas tejen la escalera de la evolución. Expresan la dinámica esencial que reina en la vida: las dos maneras como la Conciencia resuena en la materia mediante un arreglo de polaridades que se alternan. Componen ondas universales de energías que afectan sistemas de mundos a niveles físico, psicológico y social. Los Principios Masculino y Femenino se asemejan al compuesto Madre-Padre que llamamos la Fuente.

Este sistema dual determina la manera en como las civilizaciones formulan y transmiten conocimiento y el foco perceptual empleado en descubrimiento y creatividad. No se trata nunca de competición o de fusión, conceptos que solo entran en juego cuando traducimos los principios a la psiquis del ser humano. Aquí no hay cuestión de dominante o servil, mejor o peor, si no de valores iguales y necesarios. Lo disímil provoca movimiento. El juego de armonías y ritmos insta la evolución y la expansión de la Conciencia. Los dos engendran percepciones cualitativamente diferentes. El equilibrio resulta cuando cada uno es pleno en sí mismo.

Un Principio es activo y expresivo, se inclina por el orden, el sistema y la organización, el control, la conservación, y la manifestación de la excelencia individual. El otro es receptivo y se sumerge en las profundidades más allá de la superficie y expresa el impulso inspirador gestante hacia la trascendencia y lo colectivo. Cada uno incorpora un tipo de sensibilidad diferente dentro del impulso creativo. Su colaboración consiste en honrarse durante largos ciclos de tiempo en dónde la humanidad tiene la oportunidad de desarrollar cada potencial con el apoyo del otro.

Los Principios se alternan. No actúan con igual fuerza y proporción al mismo tiempo. Durante un ciclo de desarrollo específico, se expresa solo un Principio. Mediante los atributos de los géneros, cada Principio lidera, inspira, e impulsa la humanidad hacia adelante en ciclos que duran aproximadamente 5,000 años. Durante este tiempo, el Principio no-dominante contribuye con su diferencia en un papel de apoyo sin perder su identidad.

Los ciclos se extienden en el tiempo para construir y refinar todos los aspectos de la vida revelando su estilo único. En la cúspide, manifiestan sus mejores aspectos, pero cuando el ciclo llega a su declinación, su influencia disminuye en favor del otro.

La diferencia entre los Principios se parece a la diferencia entre los géneros. Está calificada por la tendencia que cada uno posee para percibir y por lo tanto funcionar dentro de ciertos patrones energéticos. El fin alcanzado puede parecerse, los efectos serán semejantes, sin embargo el énfasis, el grado y calidad de activación y el dinamismo es enteramente distinto.

CIVILIZACIÓN

Cuando la necesidad que engendra un tipo particular de excelencia y realización durante un ciclo evolutivo disminuye, y el requisito que lo inspiró se ha cumplido, cada Principio también manifiesta vicios. Ha de entenderse que el Principio Femenino es volátil. Por su profundidad y amplitud característica, carece inherentemente de un sentido de estabilidad. El Principio Masculino carece la sensibilidad de resonancia como profundidad y alcance en su insistencia en la forma, el orden externo y la conservación.

En los ciclos femeninos, el Principio permea valores de trascendencia y universalidad. La palabra clave es “misterio”. En los ciclos masculinos, el Principio promueve expansión material y física, técnica y sistema. La clave es “disciplina”. Aunque uno conduzca al otro, la disciplina y el misterio se neutralizan.

En la concepción sustentada durante ciclos femeninos, tiene prioridad el colectivo y una expresión externa dominada por una aguda sensibilidad de valores internos. En tal tipo de arreglo, las maneras y los medios empleados en los ciclos masculinos parecen ajenos y arbitrarios, violentos e irreales. Pero, al final del ciclo anterior femenino, la necesidad palpable de una nueva forma de orden externo y fuerza para contener y reestructurar los impulsos de la vida interior decadente y algo auto-indulgente, se hizo sentir. Esto naturalmente abrió camino para el auge del ciclo masculino que rescataría a la humanidad de un tipo particular de inercia e introduciría otras posibilidades.

Para un crecimiento, expansión y estabilidad, el camino irracional del Principio Femenino se ve obligado eventualmente a ceder a la coherencia sólida de la perspectiva masculina. Así comenzó el ciclo actual en los tiempos de Stonehenge, que culminará en unos pocos cientos de años. Esto nos obliga a experimentar una situación parecida, solo que de forma inversa. Habiendo llegado a la máxima aplicación de fuerza y manipulación de la vida humana con los sistemas que promueven rigidez y orden, el llamado hoy es a la activación de elementos internos que restaurarán el equilibrio con valores universales trascendentes.

La visión que ofrece el liderato del Principio Masculino ha llegado a su límite en este tiempo. La vida humana ya no necesita o responde a la fuerza, reglas arbitrarias y reglamentación. Se ansía un nuevo orden, uno que surge de la vida interior y que abraza la gestación continua del caos y fluidez de la naturaleza, algo totalmente ajeno a la estructura masculina. El poder interior y la perspectiva de sistemas múltiples en operación están reemplazando la imposición externa arbitraria.

En nuestra aún perspectiva masculina, los caminos sugeridos por el Principio Femenino aparecen irracionales, ilógicos, idealistas, vagos y difusos. El “multi-tasking” sigue siendo la orden del día, legado del dominio del hombre, pero los elementos que inspiran la pluralidad son progresivamente femeninos, influyendo fuertemente la psiquis de tanto hombres como mujeres.

En su ascendencia, el Principio Femenino gobierna el caos del mundo interior, tanto como subjetividad, sensibilidad emocional, y también como inspiración desbordante de dinámicas cósmicas percibidas en el ser humano y en el espacio cósmico.

(continuará…)

 

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