PIEDRAS EN LA MOCHILA DE LA MUJER

PIEDRAS EN LA MOCHILA DE LA MUJER454192619_d1

 

“Nadie protesta si una mujer es una buena escritora, escultora o experta en genética, siempre y cuando logra ser a la vez una buena esposa, buena madre, guapa, esta siempre de buen humor, bien vestida, bien arreglada y no se queja nunca.” Marya Mannes

 

Hoy nos podemos dar el lujo de añorar la experiencia de la independencia, individualidad y autenticidad. Sin embargo, en muchas partes del planeta, aún se lucha ferozmente por la libertad de expresión, la igualdad, la tolerancia religiosa y tantas otras formas de expresión. Inclusive en los mismos países en donde se promueven y se defienden los derechos civiles, asuntos de la Conciencia están supeditados a las apariencias. El individuo se cree libre si tiene bienes y privilegios, y puede hacer lo que quiera en la ilusoria privacidad de su casa. En su interior siguen reinando las mismas creencias y hábitos de pensamiento y sentimiento que en la edad media, y se percibe una inexplicable y creciente insatisfacción.

Nos podríamos preguntar, ¿qué más queremos las mujeres si votamos y tenemos acceso a las mismas profesiones y derechos que los hombres? ¿Es cosa de mujer?

No es cosa de mujer, ni de hombre. Todos estamos limitados por creencias legadas por milenios. Son un peso sobre nuestra espalda, como piedras en una mochila que cargamos a cuestas. No nos permiten sentirnos libres para descubrir o expresar nuestro ser auténtico. Adherimos automáticamente a creencias formales que piden adaptación y simulación. Cada género deberá acoplarse a las exigencias que emergen desde una profunda programación de conveniencia social.

Creencias, como impresiones, están grabadas en nuestra mente y cuerpo con un vocabulario muy particular, hecho a medida de nuestra cultura, ego, o neurosis. Son sutiles y los pensamientos que brotan son tan habituales que parecen naturales. Especialmente en situaciones difíciles, surgen con nuestra propia voz acusándonos, retándonos, y culpándonos por no ser de una manera u otra. Por más que lo neguemos, aumentan una presión e impotencia internas. El “ser” tiene que contentarse con “aparecer”.

En nuestros estudios de “Misterios Femeninos” hemos recopilado una lista de creencias y sus derivados en lo que concierne a la mujer. Lo curioso es que cuando las creencias irrumpen desde el interior adquieren un contexto personal capaz de machucar y arruinar nuestra autenticidad. Fue así como se grabaron en nuestra psiquis. A veces surgen con la voz de la madre, o del padre, de la escuela, del maestro, de nuestra pareja. Están tan arraigadas en nosotros que no nos damos ni cuenta de que es algo impuesto. Sin embargo, una vez que identifiquemos las frases que nos decimos a nosotros mismos, seremos capaces de transformar la creencia a partir de incidir en la energía que la condicionó y la sustenta en el presente. Para que esto ocurra tenemos que abrirnos a la experiencia emocional y todo el impacto de esa fuerza encapsulada. Es una práctica de sublimación dentro de la Alquimia Interior, herramienta indispensable para la mujer quién, culpabilizada y ridiculizada por su sensibilidad y su forma de inteligencia natural hace tiempo olvidó lo que realmente es. 

1150175_610659982288488_401806431_n

El fundamento

Por más educada o emancipada, liberal u occidental que sea la mujer, si tiene el coraje de ir a fondo y detrás de sus justificativas, deseos y gustos, o sea sus “excusas” y la voz rebelde del colectivo, descubrirá que la base que sustenta su identidad hoy no es tan sólida como creía. Las piedras en la mochila de la mujer se agrupan alrededor de una piedra angular multifacética y singular, enterrada y acarreada durante siglos:

 

La mujer pertenece a un género de características inferiores, en sus orígenes asimilada a un animal domesticable, de poca inteligencia, bruta, ignorante, desechable y adjudicable a un propietario masculino. Para tener un lugar en el mundo tiene que aplicarse y aprender a ser lo que se requiera de ella: invisible, apetecible, apropiadamente modesta o exótica, básicamente humilde, controlable, silenciosa, dulce, materna y espiritual.

 

Al leerlo, diríamos que ya no es así, pero esta creencia de pertenecer a un género inferior trajo aparejado en la sociedad, la quita de sus derechos, lo que aun hoy permanece así en distintas religiones o sociedades, dando lugar a un estilo de vida cercano a la esclavitud, algunas veces usando a la mujer como moneda de cambio (dotes), otras con el disfraz de “protección y sustento” (buscarle un buen marido) o de “sostén de la familia” (eufemismo para ama de casa dedicada a tener hijos y obedecer y servir a su esposo), y en otras ocasiones camuflado de “creencias religiosas” (así lo dice Dios) sin derecho a estudio apropiado, a elegir su pareja, al libre pensar o expresar o cualquier otra opción de vida.

Aunque pensemos que vivimos en sociedades más modernas que ya han superado estos prejuicios, podíamos percatarnos que esto aun se manifiesta subliminalmente. Aunque la mujer sea inteligente y culta, exitosa y profesional, en su casa con su pareja yacen los mismo temores, derivados de aquella creencia milenaria. Su resistencia a ser usada, domesticada y controlada es tan intensa como el mandato interior de ser obediente y adaptable a reglas y condiciones de servidumbre.

Muchas se convencen de que no es por necesitad emocional, si no por opción propia el querer agradar, ser útiles (servir), o gustarles la ropa ceñida, descotada y “sexy”. Mientras tanto reforzamos la noción de que el cuerpo está construido para el placer (¿qué más se puede querer?), sea el ajeno o el nuestro. “Nos lo merecemos.” Al buscar romper moldes algunas mujeres adoptan la psiquis de super-hombre. La substitución equivale a manifestar la sombra de lo que se pretende aniquilar.

Las características, definiciones y consecuencias de considerar el género femenino como “misterioso” y por lo tanto diferente a lo aceptable, son múltiples. Gracias a la colaboración de mujeres europeas y latinoamericanas en los grupos de estudio intensivo de “Misterios Femeninos”, aquí citamos algunas de las principales. Mi agradecimiento se extiende en particular a Vivians González, Nausicaa A. Otero y Amalia d’Ascenzo en la recaudación inicial y a Aurora Duarte y Sandra de la Rosa en la integración final.

 La_perla_del_mercader

Creencias

1. La mujer es como un animal. Irracional, primitiva y que no sirve para otra cosa que para satisfacer la voluntad de otros.

a. Creencias asociadas:

El filósofo Emmanuel Kant aludió a “la superioridad natural de las facultades del hombre sobre las de la mujer.”

Más allá de lo racional, la mujer siente que no tiene valor y que cuando ya no sirva para algo, será descartada. 

Citamos la costumbre global de utilizar nombres de animales para referirse a una mujer: yegua (jodida, o en las Americas, que está “re-buena”), zorra (ligera), víbora (mala), vaca (gorda), perra (peleona, prostituta), gata (sexy), lechuza (chismosa), leona (fuerte), loro (parlanchina), bagre (fea). Hay otras larguísimas listas, la mayoría refiriéndose a la función sexual de una mujer según es percibida por los hombres.

b. Pensamientos subliminales limitantes:

(Cuando hacemos algo bien, pensamos) “¡No es para tanto! O bien, “¿Quién me creo que soy?”

“No tengo derecho a decir NO, ni a reclamar nada.” (especialmente en relación a los hombres)

“Soy un fraude.”

“No importa lo bien que lo haga, nunca es suficiente.”

 

2. La mujer es bruta, tonta, ignorante, incapaz, hueca, superficial. Si es inteligente y capaz, tiene que demostrar lo que vale y lo que sabe. Ha de pelear por lograr un lugar en este mundo y luego ser capaz de defenderlo (con uñas y dientes).

Los hombres se disculpan por sus debilidades pero las mujeres lo tienen que hacer por sus capacidades.

a. Creencias asociadas:

Nietzche. “Es cierto que las mujeres son profundas, a tal punto que dentro de ellas no hay nada”.

Las rubias son tontas.

‘Mujer al volante, peligro constante.’ O ‘¡Tenía que ser una mujer!’

Las mujeres sólo piensan en ropa y chismes.

b. Pensamientos subliminales limitantes:

“No entiendo de cosas técnicas; eso es cosa de hombres.”

“Soy una inútil en esto”.

“Tengo que esforzarme el doble que un hombre para conseguir algo… ¡pero lo hago!”

“Necesito un hombre que guie mi vida y me ayude a tomar decisiones” (“que me enseñe el Camino”, como en el síndrome del maestro/gurú).

“No soy capaz de generar abundancia ni de gestionar mis recursos, soy incapaz, una fracasada; necesito alguien que me mantenga.”

“Si soy inteligente y capaz los hombres me tendrán miedo y huirán de mí… dirán que soy como un ‘macho’.”

“Nunca tendré un hombre al lado si tengo éxito.”

“Tengo que parecerme a un hombre, ponerme a su altura, razonar, no intuir.”

 

3. La mujer es primitiva y descontrolada en sus emociones; es histérica, loca, desequilibrada, y problemática.

a. Creencias asociadas:

La histeria femenina era una enfermedad diagnosticada hasta mediados del siglo XIX con síntomas que incluían desfallecimientos, insomnio, respiración entrecortada, irritabilidad, fuertes dolores de cabeza, pérdida de apetito y «tendencia a causar problemas».

Ante cualquier expresión activa emocional, se dice comúnmente, ‘¡Debe estar con la regla!’

La mujer deberá soportarlo todo, ser fuerte y no demostrar sus sentimientos o será tildada de loca o histérica. Se espera a lo mínimo que pierda el control.

b. Pensamientos subliminales limitantes:

“Lloro por cualquier cosa, soy una llorona.”

“Soy inestable y cambiante.”

“Nunca puedo decidirme.” “No se lo que quiero.”

“No puedo mostrarle lo que realmente siento.”

“¡Que NADIE me diga lo que tengo que hacer!”

(en desafío) “Yo me ocupo sola de mis hijos y puedo con todo.”

 

4. El rol de la mujer es el de procreadora y madre de familia.

a. Creencias asociadas:

“La mujer ha sido creada para ayudar al hombre, pero sólo en la procreación… pues para cualquier cosa el hombre tendría en otro hombre mejor ayuda que en la mujer.” …Y, “El padre debe ser más amado que la madre, pues él es el principio activo de la procreación, mientras que la madre es tan solo el principio pasivo.” Santo Tomás.

Criar los hijos y atender al marido es equivalente a ser buena madre y esposa.

Es muy buena mujer la que nunca piensa en sí misma.

Por el marido hay que sacrificarlo todo y olvidar los sueños, eso es amor.

¿Para que sirve una mujer si no es para tener hijos y ocuparse de su hombre?

b. Pensamientos subliminales limitantes:

“La familia lo es todo.”

“Tengo que tener un marido (pareja, etiqueta, o función), hijos (ocupación) que me necesitan, y una casa (espacio propio), para ser una mujer de provecho.”

“Mis necesidades no son importantes”. O, “Yo no importo.”

(Si es soltera:) “¡Me voy a quedar para vestir santos!”

“¿Quién me va a querer cuando sea vieja y ya no sirva para nada?”

 

5. Las obligaciones de la mujer: Sumisión y obediencia al hombre, fiel y leal (‘propiedad’) — ama de casa, sirvienta, cuidado de los padres adultos, no estudiar (mucho), no desarrollarse profesionalmente (demasiado) para poder ayudar (apoyar) al hombre (o a su pareja), y estar dispuesta a responder (servirle) sexualmente cuando sea pedido, o cuando sea necesario para ‘relajarlo’.

a. Creencias asociadas:

“El hombre fue creado a imagen de Dios, pero la mujer, procedente de la costilla de Adán, está hecha a imagen del hombre, al cual, por tanto, debe someterse”. San Pablo

La mujer ideal es una señora en la calle y una puta en la cama. Su obligación es con su familia. Deberá cumplir las expectativas de los demás (padres, pareja, sociedad).

La mujer no vale nada si no es capaz de tener un hombre al lado que la represente.

La mujer profesional exitosa es egoista, masculina y agresiva.

Los hijos varones son más importantes que las hijas mujeres, ellos perpetúan el apellido de la familia.

No tener pareja es condenarse a una vida de soledad.

El sexo lo cura todo. 

b. Pensamientos subliminales limitantes:

“Tengo que aguantar como aguantó mi madre”.

“Los hombres son como los hijos, hay que mimarles y cuidarles para que se porten bien.”

“Tengo que tratar bien a mi marido para que se quede conmigo”.

“Él/ella me hace sentir bien, él/ella me ve bonita, me hace sentir segura…”

“Si no estoy en una relación, no soy ‘normal’”. “Soy rara.”

“¡Tengo que simular mis orgasmos!”

                 

6. La mujer carece de opiniones válidas.

a. Creencias asociadas:

Para conseguir algo, la mujer tiene que manipular, seducir, confundir, apelar a las emociones, hacerse indispensable, conquistar (esclavizar) sexualmente o de otras maneras. 

b. Pensamientos subliminales limitantes:

“Nadie me escucha porque soy mujer.”

“No soy nadie para decir nada” “Escucho y callo” (para no llamar la atención).

“Si me expreso, soy una bruja, una histérica o me falta sexo”.

“Tengo que aprovechar mis dotes/encantos (cuerpo, pechos, cara…) para hacerme escuchar”. (para ser reconocida) 

 

7. La mujer es débil e indefensa.

a. Creencias asociadas:

El mundo es peligroso y hostil. La mujer no puede sobrevivir sola. Es débil y necesita la protección de un hombre (padre, hermanos, etc.).

Si la mujer está sola es porque no es digna de ser querida (es defectuosa).

Ser sensible es ser débil.

La protección femenina tiene un precio.       

b. Pensamientos subliminales limitantes:

“No puedo sobrevivir económicamente yo sola.”

“Me conformo con el primer hombre que ‘me quiera’ y me brinde atención, por si no hay nadie más que lo haga. No quiero quedarme sola”.

“Me siento incompleta sin un hombre (una relación).“

 

8. La mujer tiene poderes oscuros y maléficos. Es bruja, mala, manipuladora, peligrosa, sucia, pecadora, siniestra, maldita.

a. Creencias asociadas:

Socrates dijo, “Temed el amor de la mujer más que el odio del hombre.”

Pitágoras. “Hay un principio bueno que ha creado el orden, la luz y el hombre, y un principio malo que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer”.

Aún hoy se cree que la manzana y el pecado original fueron culpa de Eva.

Se considera a toda mujer siempre un poco bruja. La intuición femenina no es creíble, son cosas de la imaginación o consecuencia de su frustración (sexual).

El ciclo menstrual es sucio y una maldición. 

b. Pensamientos subliminales limitantes:

“Soy capaz de cualquier cosa, hasta de matar”.

“Soy mala”.

“Tengo que decir las cosas de manera que me crean (que lo entiendan o lo acepten).”

 

9. La mujer es un objeto sexual.poyas_00

a. Creencias asociadas:

Existe la dualidad de santa y puta en toda mujer. El hombre necesita que ella sea ambas, la una pública, la otra para su consumo privado.

Cuando la mujer busca la privacidad de su interior, tiene dos opciones: o esconderse (en tiempos de antes, en un convento) o hacerse fea a propósito.

El cuerpo de la mujer no le pertenece. Solo sirve para satisfacer los deseos de otro. Cuando es bella y atractiva, su inteligencia es secundaria.

La mujer a menudo siente vergüenza por ser (o por no ser) atractiva, por tener pechos grandes o pequeños, por ser redonda y gordita o demasiado delgada, por vestirse “provocativamente” o por ser demasiado recatada. Su estima y valor depende de efectos visuales y la opinión de los otros (inclusive de otras mujeres que repiten el patrón entre ellas)

b. Pensamientos subliminales limitantes:

“Todos los hombres son iguales, buscan lo mismo”.

 “Es importante ser atractiva al hombre (aunque no me interese).”

“Si no me desea, no me siento querida.” (no tengo valor)

“Me tengo que vestir para la ocasión (mostrar mi figura).”

“Estoy gorda y tengo todo caído, no puedo mostrarme desnuda a ningún hombre”. (frente a nadie)

“¡Que me dejen en paz! No quiero que me miren (me siento agredida con la mirada).”

“Ahora que pasé de los 40 años, siento que estoy en picada.”

“Tengo que estar a la moda (onda cultural del momento) para que me respeten.” (Puede ser maquillarse, como no maquillarse, usar jeans y andar estrafalaria, como llevar tacones altos y vestido…)

“Tengo que ser igual que las otras (mujeres) para que no me envidien.”

“¡Qué dirán…!” (refiriéndose a cualquiera ‘fuera’)

 

10. Condición genérica de la mujer: La mujer es una distracción, una molestia, y la culpable de todo lo malo.

a. Creencias asociadas:

La mujer tiene la habilidad de interrumpir a los hombres con su mera presencia. O ella lo usa a su ventaja o se excluye. De ambas maneras siempre le provoca algo de incomodidad e incomprensión.

Se le ve a la mujer como maniática, impuntual y desorganizada.

Las mujeres se juzgan severamente ente ellas, porque conocen sus capacidades y se ven transparentemete. Cualquier mujer es una rival.

La imagen de la mujer bonita causa un accidente de tráfico.

En los divorcios o separaciones, la culpa es siempre de la mujer. 

b. Pensamientos subliminales limitantes:

“Mi vida hubiera sido mucho más fácil si hubiera nacido hombre.”

“No quiero tener hijas mujeres, solo varones.”

“No hay nada que pueda hacer bien.”

“Mejor no hacer nada.” 

 

Conclusión

Nuestros pensamientos conscientes son unos y los subliminales otros. Los que obstaculizan el fluir energético e impiden reconocernos plenamente son los últimos que recogen nuestro modo particular de adaptación y justificativa. Para cambiar nuestras reacciones y disolver esas sombras invisibles que atacan nuestras vísceras y crean nudos en el vientre cuando menos lo esperamos, hay que dar con la nota y las palabras exactas que se han grabado en nuestros cuerpos como miedos e impulsos, y en nuestras mentes como angustia y exigencia subconsciente. Detonan una seguidilla de auto-critica implacable. Es en ese momento que tendríamos que aplicar fórmulas de alquimia interior.

Por detrás de los pensamientos competitivos y exigentes hierve la misma impotencia e inseguridad de siglos, disfrazada. Se revela cuando estamos exhaustas o al límite, y aún en situaciones triviales. “¡Necesito un hombre para mover este aparador!” “¡Ya no puedo más, yo sola!” Sin ser feminista en ningún sentido, una mujer fácilmente recuerda muchísimos instantes, comprando una casa, armando o concluyendo un negocio, o hasta rindiendo un examen, en donde piensa: “Si fuera hombre me tratarían de manera diferente.”

Las creencias, acompañadas de pensamientos subliminales personales como las que aparecen en estas páginas son solo un puñado de los espectros que se pasean por nuestras mentes irreconociblemente y afectan nuestra experiencia diaria. El juicio constante y la comparación con modelos masculinos continúa, inclusive en el ámbito espiritual.

Pero ¡ojo! El hecho de que las creencias que inhiben a la mujer hayan sido formuladas en un ciclo masculino por los hombres (el poder reinante), no quiere decir que todo se refiera al hombre. Para la mujer, el hombre evoca autoridad, seguridad, y aprobación social. Automáticamente ellos son un parámetro importante de auto-definición y aspiración, reflejando el menosprecio corporal y mental que nosotras mismas reforzamos. Hasta condenamos nuestra intuición y conexión con estratos de realidad incomprensibles para ellos. Y, lo que deja de hacer el hombre, lo continuamos las mujeres entre nosotras.

Chicas jóvenes que aún están explorando su sexualidad con una cierta rebeldía hoy, no ven que su dependencia sea necesariamente el hombre. Puede ser otra mujer. En muchas ocasiones la mujer se viste más para las otras mujeres que para los hombres. Sienten agudamente la mirada de las otras dentro de ellas mismas.En todo caso lo perpetúa el sistema. Las mujeres compiten las unas con las otras sin darse cuenta. Nos adaptamos a las antiguas exigencias ignorando los fundamentos de siempre y camuflando las apariencias. Bajo otros nombres seguimos haciendo y respondiendo igual.

La esclavitud de la mujer a las apariencias tiene su raíz en la religión, las expectativas de la sociedad y la moda de la época. Lo que se considera una característica natural en la mujer, inclusive por ella misma, esa inestabilidad o inseguridad interior permanente, define la reacción a etiquetas anticuadas. Hasta ahora no se habían cultivado la sensibilidad, las formas no-lineales de inteligencia y percepción, o la perfección como potencialidad latente y palpable, asuntos que incumben un ciclo femenino y la esencia de la mujer.

El femenino real yace profundamente dentro de cada una como una cualidad informe que la mujer moldea según sus talentos, facultades e inclinaciones, una vez liberada del control ajeno. El primer paso para la mujer, como para el hombre con quién comparte la vida en común, es reconocer la necesidad inminente y necesaria de una introspección profunda. Al renacer la mujer en su autenticidad, renacerá el hombre y la sociedad. Una nueva realidad nos aguarda, libre de mochilas de cualquier tipo.

2010_02_05_modern_slavery_q_m

One thought on “PIEDRAS EN LA MOCHILA DE LA MUJER

  1. ANA MARIA

    Entiendo todo esto, pero si quisieramos hacer entender a mujeres que se sienten responsables de todo lo que pasa a su alrededor (lleva una mochila con demasiada carga) que tienen que delegar y que eso no es de ser mala madre, sino todo lo contrario, ¿seria oportuno realizar un taller solo para ellas?
    ¿O sería conveniente que ellos también estuvieran en el taller?
    Cuando las mujeres cambian su perspectiva de la vida puede ocasionar desencuentros en su ambiente más intimo, si no se trabaja también con ellos, no?
    Por favor, necesito opiniones de gente especializada en estos temas.
    Gracias

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscribirme a La Mujer Interior

Mantente informado de las novedades del blog por email