Legado de separación

ChasmLEGADO DE SEPARACIÓN

(Extracto en una charla ofrecida en el retiro Misterios Femeninos)

En la vida diaria te encuentras con condicionamientos y fuertes  influencias, automatismos y hábitos emocionales.  A veces pensarás que son tuyos pero en realidad corresponden a la mente colectiva y a una programación común que nubla nuestra percepción y por lo tanto la expresión auténtica. 

El denominador común es la creencia en la separación. No sólo nos creemos separados los unos de los otros, fomentando la ilusión del secreto y la privacidad, estamos programados a pensar que la vida física y la vida espiritual son fuerzas opuestas y a veces contrarias.

La separación revela una analogía, no una realidad. Lo que nos separa del mundo sutil, inclusive de la divinidad, no son las condiciones físicas, sino los hábitos inculcados, tal como la gran dependencia en la mente lineal y el menosprecio de la sensibilidad.  Esto es especialmente difícil para la mujer cuyo camino espiritual es de naturalidad e inclusión.

La separación alimenta la apariencia de la necesidad, el sufrimiento y el esfuerzo, que nos fragmentan de tal manera, que nos vemos forzados a acudir a maestros, profesionales, clérigos y técnicas para enseñarnos y aliviarnos.  Ellos supuestamente saben más que nosotros.  Además, nos conducirán a lo divino.  Así garantizamos el comercio.

Las creencias obstruyen los sentidos y el raciocinio y nos condicionan a actuar por comodidad, para no sufrir los juicios y condenas que vienen con ellas.  No se trata sólo de un pensamiento pasajero; se trata de un sentimiento de miedo instigado que lo cimienta.  Vibraciones de inferioridad e inseguridad imposibilitan un contacto con la sutileza dentro de la vida común. Con tantas personas desconectadas del refinamiento de sus sentidos, es de esperarse que nos sintamos imperfectos, inseguros y equivocados.

Predomina el esfuerzo físico y mental sobre el impulso natural de entrega y correspondencia.  Creemos que tenemos que esforzarnos por llegar a un estado utópico y que tenemos que ser merecedores de ello.  Se confunde la purificación con una especie de castigo o dificultad y se torna obsesiva. Prácticas corporales exigen ascetismo y ejercicios mentales procuran una ausencia de actividad.  Al parecer hay que escoger un mundo u otro, ser artificial o ser natural.  Muchos ya no saben la diferencia.

La gran diferencia entre el camino de la verdadera espiritualidad, que defino como el de sensibilidad profunda natural, y las creencias, procesos y juegos que pretenden transmitir espiritualidad, es que estos necesitan artificios y comprobación externa.  Hablo de los sistemas y técnicas que se nutren del reconocimiento y aprobación. No hay un real interés por la verdad. 

En el pensamiento popular, hay tres temas que nos confunden: el Bien y el Mal, las Leyes del Karma, el Cuerpo Femenino y el Sexo.

El Bien y el Mal

Hay una lista de condiciones bastante larga que, dependiendo de quién lo piense, separa lo bueno de lo malo.  La religión, la sociedad, escuelas de pensamiento y un sinnúmero de maestros y maestras nos imponen reglas fundadas en una visión dual.  La interpretación popular del cuento de Adán y Eva se ha grabado de manera indeleble en las humanidades en todas partes del mundo.  Los frutos del Edén son lo bueno o lo malo, lo inferior o lo superior.

Por un lado se nos encamina a la misericordia y a la compasión y por otro se nos estimula a rechazar vigorosamente lo considerado feo o grosero, primitivo o básico y todo aquello que cause incomodidad o que nos haga sentir emociones fuertes.

Las enseñanzas exotéricas de la Luz nos impulsan al rechazo de lo natural sin declararlo.  Su visión de la espiritualidad es veladamente severa. Hay grupos en todas partes del planeta que enseñan que el mundo material y el nivel evolutivo del planeta son inferiores.  Para ellos la humanidad actual, además de ser tosca, se encuentra sumergida en una densidad astral asquerosa de la que hay que escapar a toda costa, mantener ciertas normas (austeras) de pureza y vivir separados en grupos con seres afines.  Estas filosofías de rechazo están invisiblemente tejidas dentro del pensamiento común y son mucho más prevalecientes de lo que pensamos. 

El auténtico estudiante de la verdad siente una obligación por cuestionarlo todo, indagar y llegar al fondo de su percepción.  Particularmente, la mujer siente la necesidad de escuchar sus sentimientos que la guiarán por nuevos caminos de actuación inteligente.  En un mundo mejor, ambos géneros se encontrarían en la sensibilidad que no es ni femenina ni masculina. 

El corazón no es emocional, es una inteligencia-sensible.  Lejos de huir o dar la otra mejilla, abrazar la maldad significa comprender como la luz y la oscuridad son dos aspectos de una unidad que no es ni una ni otra.

La ley del retorno kármico

Como justificación al castigo y a la recompensa impuestos por la programación actual, erguida sobre la creencia en la separación y el esfuerzo personal, guiada y sancionada por una élite poderosa, el concepto oriental del karma aparece distorsionado.  La versión aceptada es en realidad cristiana dogmática.  Incita al temor del demonio y a la retribución y al castigo consecuentes, corresponde al mundo dual de buenos y malos.

No sólo eso.  Es un concepto que ha sido interpretado desde una perspectiva lineal, como si se tratara del sistema bancario. Hay que pagar por todo.  Como de cierta forma vivimos endeudados, nos sentimos temerosos e inseguros de cara al futuro.  Aunque no sigamos una religión, nos flagelamos.  Pensamos que tenemos que pagar física y materialmente por todas las transgresiones nuestras o de la humanidad.  Muchos apoyan la ridícula creencia de que es virtuoso pagar por anticipado.

En realidad, “karma” supone una visión holística de la unidad que en nuestra dimensión se refleja como luz y sombra, un juego de polaridades y de opuestos.  Implica comprender las transgresiones de la humanidad a través de nuestra propia humanidad real.  No sugiere retaliación o condena.  Concierne la concienciación individual.  La justicia que proyectamos como sociedad equivale a la ley mosaica.

Como miembro de la humanidad y en sintonía con ella, el ser consciente reconoce su propia vulnerabilidad y de toda la humanidad. Tener una visión kármica justa representa levantarse más allá de la dualidad en la cual se manifiesta la brutalidad y el martirio, el violador y el violado, para ejercer la fuerza trascendente de la compasión neutralizadora.  Es perdón.  Se trata del ejercicio de una humanidad sensible que empieza por reconocer esa fuerza internamente y termina implementándola en formas y programas inteligentes desprovistos del odio y miedo generados por la separación.

Todo lo que hacemos nos regresa de igual manera.  Sin embargo, hay una enorme diferencia entre castigo y lección aprendida.   Cuando la energía que emitimos regresa, vivimos en carne propia, lo que hemos puesto en marcha.  Sentimos lo que le hemos hecho sentir a otros y esto nos aporta comprensión.  Lo que crea esa oportunidad de “retorno” es la disposición del propio individuo.  No hay nadie ni nada de fuera que lo imponga. Si estamos defendiéndonos de intensidades que calificamos de malas o dañinas, todo lo que nos viene parece atacarnos. 

La concienciación trata de una ley energética que es circular, no dual. No hay que vivir con miedo de los efectos de nuestros actos o pensamientos si estos son vividos conscientemente con conocimiento de lo que envuelven para otros.  Las supuestas “deudas” se pagan instantáneamente por medio de la concienciación y no en el tiempo.

El sexo y el cuerpo de la mujer

Se cree que la sexualidad del hombre y de la mujer son iguales.  El cuerpo se considera como un instrumento para uso y explotación del placer.  Para la mujer, el placer es un fenómeno holístico y se extiende energéticamente a su mundo. El sexo no es meramente reproductivo.  No es algo que se “hace”.  En la experiencia interior de la mujer condiciona todo a su alrededor, lo que podrá enseñarle como equilibrarse a sí y a los que la rodean. No depende de estímulo externo ni de otro.

Para la mujer, la realidad del sexo se opone a las creencias comunes de la sociedad y las necesidades de la estructura del hombre. Para ella, el cuerpo es el universo. El sexo se queda muy corto frente al potencial que tiene una mujer. 

Para alcanzar su realización, la mujer debe incorporar la sensibilidad de su cuerpo entero, lo que significa no solo la piel o partes, sino que la profundidad de la sensación y el coro sinfónico que se levanta del conjunto.  En este caso su cuerpo le habla, le avisa, la conecta con la Creación entera, la prepara, la orienta y al final la acompaña con voltajes fluctuantes según el momento y su desarrollo espiritual durante toda la vida.

Hay muchas mujeres a las que no les interesa el sexo.  Para ellas, no es un deber y mucho menos una necesidad. Pero, como la sociedad lo exige, se considera que hay algo mal con ella o que es frígida, lo que la obliga a actuar dentro de una sexualidad artificial y mental. 

A causa de su estructura receptiva, ella siente el más mínimo pensamiento lujurioso de alguien que la mira.  A través de la meditación en su propio cuerpo, la mujer llega a discernir lo que es de ella y lo que se le proyecta, accediendo un sentido de plenitud que no es sexual.

Muchas de las enseñanzas sobre la espiritualidad son una continuación del pasado.  La era del Principio Femenino trae fórmulas sin precedentes basadas en la experiencia dinámica de la inteligencia-sensible.  Si vivimos en sensibilidad, la vida no ofrece conflictos.  El corazón sabe.  El problema para muchos es que el corazón habla sintiendo y la verdad duele.  Nadie lo conoce mejor que una mujer.

 

“Es solo durmiendo que estamos separados.

El momento que despertamos somos Uno.”

Osho, “Más allá de la iluminación” (“Beyond Enlightenment”),

Capítulo 16, pregunta 4

 

3 thoughts on “Legado de separación

  1. Cristina Davio

    Excelente!!!! Pusiste en palabras lo que yo sentia y no podia expresarlas!! Me encanto!!! Y aparte esta dicho desde el amor no desde la reaccion.- Graciassssss!!!

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