LA RECOMPENSA

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Al nacer, la programación social inyecta un virus secreto sobre cada ser humano. Podríamos incluso decir que es el desafío tácito que impulsa a un alma a través de la vida.

Disfrazado de aspiración por autenticidad, niega constantemente la posibilidad de serlo. No importa en qué parte del mundo estemos, qué religión profesemos, en qué nivel cultural o económico trabajemos o qué género coloree nuestra percepción, un ser humano crece para creer que merece algo mejor. Trofeos. Pobres y ricos por igual, en algún lugar, en algún momento, están convencidos que se les debe un premio por todos los sacrificios y privaciones que están obligados a soportar. Como una zanahoria perpetuamente colgando delante del horizonte, la enfermedad radica en la actitud de que tenemos derecho a recompensas, importancia, status, aprobación y reconocimiento en el futuro.

Desde la situación con nuestros padres y nuestra familia, nuestro entorno, y en cada paso que tomamos, nos vemos forzados a someternos voluntariamente a la incomodidad, la humillación y una gran variedad de abusos que nos obligan a ir en contra de nuestra naturaleza. Nos resignamos a la deformación física, gorda o delgada, muscular o débil, con el fin de cumplir con las normas, opiniones, crudas sensibilidades y creencias rígidas, pensando que traerán el mérito, el consuelo, la comodidad y la libertad “más tarde”. Siempre es “más tarde”.Boy-and-reflection

Esto se convierte en una creencia de que la vida y los otros en nuestro pleno derecho nos deben algo – el cumplimiento de nuestros deseos – incluso aunque a veces expresado por jerga religiosa y justificación psicológica. Esperamos graduarnos en privilegio, si no en esta vida seguramente en el más allá. Así es como la civilización ofrece “esperanza” a través de manifestaciones materiales, más que mediante la realización interior.

El derecho a ser algo/alguien es un implante muy profundo en cada ser humano. Promueve el desarrollo del egoísmo de la personalidad y niega los impulsos y las sensibilidades genuinas que cultivarían el insight, la espontaneidad, la libertad y la autenticidad. Se centra en la manifestación externa – identidad – e ignora las sensibilidades internas – el Yo.Michelangelo

Lo que sea que lleve a la duda, la sola posibilidad de que podríamos ser inútiles e indignos, crea una grieta en el fundamento de nuestra identidad, a través dela cual toda la angustia y el dolor de la privación se filtra, haciendo aún más difícil contactar la verdad interior. La revelación de que no sólo la vida no nos debe absolutamente nada, sino que nos hemos vendido barato y continuamos a hacerlo, que hemos desperdiciado tiempo y recursos preciosos, enciende un hambre devastador dentro nuestro. La negatividad y la violencia salen a través de la brecha en nuestros cimientos, como una podredumbre líquida.

Sin embargo, el corazón y el alma comienzan a removerse. El trabajo espiritual comienza aquí, entre las derrotas de una promesa imposible, la sombra de insignificancia inminente, y una vaga premonición de que hay algo más en la vida. Mas temprano o mucho más tarde, cuando perdemos el sentido del brillo y la auto-importancia, nos embarcamos en la sabiduría secreta de los recovecos más recónditos, la Realidad desconocida dentro de nosotros.

El viaje comienza.

Descubro que no soy quien pensé que era y esta inquietud excitante aumenta diariamente. No me conozco a mí mismo y eso, en sí mismo, ofrece un desafío emocionante. La presencia dentro de mi cuerpo, mi personalidad, mis sentimientos, esa fuerza permite mis creencias y circunstancias parece emerger de un lugar tan profundo dentro de mí, tan poderoso y personal que es asombroso. Allí me detengo y allí comienzo.

La vida se convierte en una serie de preguntas dolorosas, algunas alegres, otras angustiantes y agotadoras. La más grande de ellas me hace girar en la delirante percepción de un mundo de medias sombras, de media luz. Las variopintas y diversas aventuras en mi mundo – viajes, el proceso de la madurez, casarme, dar a luz, reclamar una profesión, dirigirme a gran número de personas … El éxito y el fracaso pasan delante de mí como hitos y lápidas. Me quedo con el enigma inconcebible de su fuerza.

Y entonces me pregunto lo inimaginable. ¿Amor?

Las sucesivas viñetas de mis relaciones con hombres hermosos, las amistades tenidas, perdidas y olvidadas, grandes maestros y estudiantes devotos y, por supuesto, los padres y la familia se escabullen velozmente frente a mi. Experimento un sufrimiento agridulce de lo que podría interpretarse como amor, pero, al examinar más detenidamente, veo que son el fruto de la necesidad, y revelan rastros de culpa e ira. Desprendiendo capas de excusas, justificaciones para el placer físico, fluctuaciones emocionales, seguridad mental y adicción, pereza, ambición, soledad … Me quedo con la comprensión de que no sé lo que es el amor, como tampoco sé quién soy. Sé sobre la apreciación, intenso miedo, mucha atracción y almacenamientos infinitos de la gratitud, sí. ¿Es esto lo que es el amor?

Ah … todos sabemos “cómo” el amor puede ser expresado y ciertamente lo que deseamos que sea. Amamos los cachorritos desamparados, los bebés y los viejitos, las cosas inanimadas que nos traen consuelo, y las personas que dependen de nosotros. Pero la necesidad no es amor. Nos sentimos amados cuando se nos considera importantes, indispensables y necesarios. Pero la utilidad no es amor. ¿Quién no sabe ser agradable y atencioso, caritativo, influyente, dar apoyo y todas aquellas cosas que supuestamente definen el amor humano? Pero los gestos y las expresiones no son amor. ¿O lo son?

¿Qué es esa fuerza más allá de las circunstancias físicas, conveniencia o ilusión? ¿Qué es esa fuerza en lo profundo de mí, ese anhelo que arde y que trae la plenitud y el vacío simultáneos? No concierne a nadie más. Dudo y me pregunto, después de la negación y la curiosidad. ¿Me atrevo a conocer la plenitud del amor?

Abrirse al poder del amor significa ponerse de lado, verlo y experimentarlo. Significa reconocerme a mí misma. Que soy su fuente. No hay motivación que valga. No hay otro propósito que deleitarse y expresarlo … de todas las maneras posibles. Nada podría contenerlo.

Experimentar este amor implica sentirme amada mientras me amo tanto que dejo de importar o incluso de existir. Significa ir más allá de todos los límites para descubrir (siempre se trata de descubrir) que surge libremente, incondicionalmente, no como una respuesta, sino como la fuente de mi vida. No existe fuera de mí; surge como una función de estar presente. No hay causa y no hay propósito.

Puede que no haya amado y sin embargo estoy llena de amor y cada acto consciente lo irradia. Me pierdo y me encuentro en él. A veces su puerta se abre con un pequeño gesto, un acto, un destello de él en alguien más, y entonces sí, soy consciente de que los amo por ello. Nos convertimos en eso. Los amo porque me permiten recordar que soy amor.

El amor es todo lo que dejamos atrás en la ignorancia. El sentimiento humano más cercano que podría parecerse a él es “gratitud”. Infinita gratitud que se abastece eternamente.

Yo soy mi propia recompensa.alignment-jennifer-gelinas

2 thoughts on “LA RECOMPENSA

  1. Adriana

    Sin palabras me quedé…. identificada 100%. Sos un ser excepcional Zulma!!
    Doy gracias al Universo por ponerte en mi vida! en mi verdadera búsqueda…!
    Admiro tu trabajo! y estoy incondicional para seguir este duro pero hermoso camino que inicié junto a vos y tu equipo. Gracias, gracias, gracias.

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