LA LEY, EL AUTO-ABASTECIMIENTO Y LA SANACIÓN

LA LEY, EL AUTO-ABASTECIMIENTO Y LA SANACIÓN

La aplicación del Alineamiento Alquímico como forma de Vida

(solo en castellano)

Toda creación, incluso el Hombre, es efecto de un deseo formulado y revestido con una fuerza específica, condicionada por la conciencia tanto mental como vital del creador. El deseo proporciona la potencia impulsora que varía desde la frecuencia más baja o egoísta, hasta la más sublime y humanitaria. Cuanto mayor es la conciencia, más perfecta (libre, expansiva, universal) es la creación. Asimismo, cuanto mayor es el apego e interés personal, menor es el potencial disponible y más limitada la creación. Lo que determina la calidad y perfección de la creación es la frecuencia dentro de la cual se encuentra la mente del creador, su nivel de Conciencia.

En el esoterismo se habla de “La Ley”. Aunque hay muchas leyes, ésta explica la dinámica que rige la creación de toda forma, sea esta sutil, o densa y material. Afirma que todo es consecuencia directa del pensamiento emitido (conciente o inconscientemente) y apoyado en la calidad y voltaje propio de esa concienciación. Se refiere al hecho de que el deseo en si es “fiat”. Si yo quiero que haya luz, la mera intención de quererlo produce la idea y la expresión de la luz. Si el deseo queda a nivel mental, la luz se produce sólo en la imaginación, pero si además se acciona energía vital, la luz se manifestará físicamente también. O sea que tanto la acción mental como la vital (la intención potencializada) son necesarias.

“¡Hágase la Luz! …y la Luz se hizo”. La manifestación es inmediata. El pensamiento, que está fuera del espacio-tiempo, produce la manifestación a su nivel, pero si a ello le sumamos la atracción y el poder del campo material, como las emociones psico-físicas, el resultado aparecerá también al nivel material.

Es por eso que la palabra de un ser humano tiene tanto poder de concreción. Por virtud de tener un cuerpo físico tenemos acceso a la sustancia física. Por eso también se dice que somos las manos de Dios. Cada pensamiento-deseo que emitimos afecta nuestro mundo en proporción a nuestra energía, y se materializa instantáneamente, acorde al nivel de conciencia. Todas las tradiciones esotéricas y espirituales nos encaminan a usar nuestras facultades de pensamiento, emoción y vitalidad de la forma más conciente, ética y expansiva posible. Para crear un mundo mejor. 

Para comprender el funcionamiento de La Ley, hay unos cuantos principios herméticos de la sabiduría universal que deberíamos conocer. Uno de ellos explica que la Realidad y el Poder que constituye la Fuente son de naturaleza mental. Su función es crear patrones o arquetipos de perfección, moldes para las formas de nuestro mundo. Antes de que algo pueda materializarse, ya existe en el mundo de las ideas. Además, todo tiene un ciclo de causas y efectos que lo hace regresar a su origen, sea éste el creador humano o la Causa final.

Como ya dije, otro principio explica que para ser físicamente efectivo, el deseo deberá ser accionado por un recurso vital. En nuestro mundo, el mero pensar no es suficiente. Tenemos que generar el magnetismo, la fuerza de atracción necesaria y convertirnos en lo que queremos atraer. Para manifestar una máxima perfección es indispensable conectar repetida y concientemente con la más alta vibración de lo que llamamos “divino” aún dentro de nuestra corporeidad.

FORMULA UNIVERSAL DE MANEJO ENERFGÉTICO Y MANIFESTACIÓN:

La oración es una forma simple y directa de aplicación de La Ley. Un buen ejemplo es El Padre Nuestro. Lejos de ser una oración exclusivamente cristiana, como afirmación de la Ley universal, contiene la clave práctica de auto-abastecimiento y sanación, cubriendo así las necesidades más básicas. Nunca fue concebido como súplica, sino como afirmación del Ser y de La Ley.

Cuando decimos “Padre nuestro que estás en los cielos” dirigimos nuestra emoción-atención más allá de lo visible y tangible hacia la causa primera, lo que nos abastece. Aquí no importa si concebimos este Principio dentro de nosotros o en un plano distante. Lo importante es la intimidad y profundidad inmediatas con las que nuestra intención resuena. O sea, con nuestra propia vitalidad como aprendemos en el Alineamiento Alquímico. (véanse entradas en la página Web)

Santificado sea Tu Nombre”, confirma la conexión con ese elevado código interior y el sentimiento de solemnidad y reverencia que produce. Para algunos este nombre representa Belleza, para otros Verdad, Amor, o Luz… Aquí cualificamos y activamos el campo de energía personal a nivel emocional. (véase el e.book “Cuerpos de Energía Personal” en mi Web)

“Venga a nosotros tu reino…” no se refiere a un deseo vago, sino al resultado natural de la aplicación Ley de la Luz. Al invocarlo podemos modificar ese patrón o imagen, pero no podemos destruirlo ni cambiar su naturaleza, su función o su destino. Su expresión cíclica dentro del mundo de la forma prevalecerá. Esto se aplica igualmente a fenómenos no-materiales, como del pensamiento y del sentimiento. Con este pedido estamos evocando la perfección en nuestra realidad.

“Hágase tu voluntad”… no es un eco de ovejitas obedientes. Deberá ser emitido con el poder que surge del vínculo de nuestra mente con la causa primera que engendra todo lo que es. O sea, con autoridad. Este deseo hace que nuestro pensamiento se eleve al plano de la Mente Superior donde cuenta con Visión real y Poder de aplicación de la Conciencia.

“Aquí en la Tierra como en el Cielo” se refiere al axioma hermético “como es arriba es abajo”. Mientras nos movemos en el mundo físico, somos un reflejo del inmaterial. Desde nuestra humanidad colaboramos con la voluntad divina y la Realidad pre-existencial. Es una afirmación.

El maestro de esoterismo cristiano Styllianos Atteshlis, conocido como “Daskalos”, decía que hasta aquí llegaba la plegaria original de Jesús. Las frases siguientes fueron añadidas por Él mismo, cuando con el paso del tiempo comprendió que la humanidad necesitaba comprobar el resultado de esa intervención divina en los niveles más básicos de su existencia.

“El pan nuestro de cada día dánoslo hoy…” nos revela específicamente como seres vulnerables en el mundo material. Alude a nuestra humanidad, a nuestras carencias y a nuestros derechos. Sin exigencia recogemos lo que nos es debido, reconociendo por eso nuestra posición como criaturas dentro del amplio espectro de manifestaciones del Ser.

¿Por qué “pedir” algo que ya nos pertenece? Si aplicamos las leyes esotéricas a la comprensión de nuestra forma de vivir y de nuestras creencias, vemos que carecemos de algo sólo como consecuencia de circunstancias que nosotros mismos creamos y atraemos. La Ley del Karma o de causa-efecto refleja la Ley del Círculo, recibir lo que en algún momento proyectamos, sea limitación o abundancia. Un tema incómodo para todos. Habiendo confundido la existencia material con la espiritual (en otras palabras la permanencia e impermanencia), ya no confiamos en nada ni en nadie, y mucho menos en la propia posibilidad de creación.

Pedir requiere que nos posicionemos en digna humildad y que utilicemos nuestros recursos (nuestro legado humano-divino) en la aplicación de la Ley. O sea, aceptar el proceso – centrarnos, saber lo que queremos, generar la energía apropiada, sintonizarnos con el resultado, y aguardar su manifestación sin contaminación de duda o temor.

El “pan” en este caso se refiere tanto al alimento físico como a los recursos de inteligencia y sensibilidad necesarios para obtener lo que sea. Desde tiempo inmemorial el pan representa la emanación de mente-sustancia que desciende como consecuencia a un llamado emitido en paz. Es la sustancia-luz que nos permite pensar y percibir con claridad, que nos permite irradiar y tener algo que ofrecerles a otros.

Formula:

Por medio del Alineamiento Alquímico, nos proveemos del combustible que, usado correctamente, puede iluminar al mundo. Es la materia prima. El “pan de cada día”. Es Vida como inspiración, soluciones, alimento continuo y reabastecimiento constante.

La Vida se expresa tanto como energía y como fuerza. Se manifiesta como conciencia dentro de la inteligencia, y en la materia como vitalidad. Es la energía de los cuerpos de energía personal (CEP). Esta materia prima o sustancia es tangible y real. La utilizamos como inteligencia para pensar, visualizar y enfocar la atención. La percibimos físicamente mediante una sensación refinada y la visión etérica. Aparece como una corriente blanca-rosada-dorada, pero adquiere diferentes coloraciones según la necesidad.

Examinando la dependencia que en los niveles materiales tenemos de este “maná”, reconocemos también nuestra ignorancia y las consecuencias de las acciones de ella surgidas, que nos hace ofender, avasallar, o violentar a otros y nuestro ambiente exigiendo lo que no nos pertenece. Porque es dado libre y equitativamente a todos. Actuar sin consideración de esto es transgredir la propia Ley.

En la próxima frase reconocemos nuestro egoísmo, ese mecanismo que nos lleva a mal usar los dones divinos de inteligencia (conciencia) y fuerza (materia física y acción). Ahora pedimos perdón. “Y perdona nuestras ofensas…”

En el original en arameo, la formulación de la frase que pide perdón implicaba una actividad muy específica de liberar la sustancia energética que como cuerdas, nos vincula a personas, cosas o lugares que avasallamos con nuestras exigencias incesantes, nuestros supuestos amores, nuestra competitividad y agresividad, nuestra arrogancia, ingenuidad o manipulación. Sea porque explotemos a otros o porque permitimos nuestra propia explotación. Estas son las cuerdas kármicas que crean esclavitud, lo opuesto a libertad.

La verdadera liberación se produce como consecuencia de haber asumido la responsabilidad por la acción ejecutada. Como indica la ley de atracción, para merecer y ser dignos de lo que anhelamos, primero hay que incorporarlo. “Igual atrae igual”. En otras palabras no podemos atraer y mucho menos administrar lo que no podemos evocar y sostener en nosotros mismos. Por eso, “…como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden” apunta específicamente a ese aspecto de la ley.

Es energéticamente imposible estafar, mentir, simular o dar promesas falsas. Cuando se alcanza una frecuencia de pensamiento y percepción más sutil, todo es visto y sabido. Si no podemos confrontarnos honestamente, no podemos exigir que otros o la vida propia nos trate con integridad.

El pedido final de esta oración pone directamente al descubierto nuestra susceptibilidad a ser influenciados por apariencias, nuestra ignorancia y falta de discernimiento. La versión más conocida dice “No nos dejes caer en la tentación…”, del mismo modo que un niño pediría la protección absoluta de un padre. En la versión original el pedido del hombre-mujer conciente es, “Condúcenos mientras estamos siendo tentados….”. De este modo invocamos la inspiración luminosa de la Conciencia dentro de los pormenores y actividades diarias, para que podamos aprender las lecciones que nos llevan a la sabiduría con la fuerza necesaria para sostener ese estado conciente. El coraje e independencia que provienen del interior es lo único que puede liberarnos a Ser (lo que siempre fuimos) como Realidad inherente. “Y líbranos de todo mal…”.

Aquí Daskalos agregaba:

Porque tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria para siempre (en reconocimiento de la Perfección de la causa primera).

Un párrafo adicional nos vincula con la verdad universal que va más allá de todo separatismo. De forma sencilla y directa, con vocabulario moderno para el hombre-mujer inteligente, nos habla con dignidad y humanidad:

         Infinito y absoluto Estado de Ser Supremo: Dios.

         Vida eterna, amor y misericordia.

         Manifestándote a Ti Mismo en Ti Mismo

         Como Sabiduría total todopoderosa.

         Ilumina nuestras mentes para

         Comprenderte como la Verdad.

         Purifica nuestros corazones para reflejar tu

         Amor hacía Ti, y

         Hacia todos los seres humanos.

Termina este diálogo íntimo, como termina toda comunicación con lo divino, sellando nuestra “creación” u oración con agradecimiento y profunda reverencia ante la potestad de la Fuente dentro de todo y en todas partes. “Amen”.

 

 

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