LA GRAN PRUEBA

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Soy mujer, una brasa ardiente en el fondo del mar. Mi aliento es como el hambre, como la sed de la humanidad por un Dios que todo alcanza y siendo así, todo devora y transforma.  Soy añorada y también temida.

Nunca podré mostrarme en mi plenitud y por eso no me conoces.  Mi dolor y mis enfados, las incongruencias de mi personalidad no son otra cosa que reflejos de un insondable océano interior.  Como hombre, sueles relacionarte por segmentos, cortando la vida en porciones, clasificándola en un orden artificial para sentirte cómodo, controlando lo que no puedes comprender. Si superas el caminar sobre las brasas, ¿podrás sobrevivir el fondo del mar… para conocerme, sentirme dentro como la Totalidad?  ¿Acaso sabes nadar para no ahogarte en la vorágine de mis profundidades?

Yo estoy aquí para recordarte en la piel y en los sentimientos, que eso que buscas en las alturas y relegas a un espacio intocable de estéril quietud, vive aquí y ahora en las aspiraciones humanas y en el cuerpo. Si para ti el Absoluto es refugio, trascendencia posible solo en soledad silenciosa y apartada, sentirás que te lastimo, que me entrometo, que te desvío.  No ves aún que soy la gran prueba en tu iniciación espiritual.  Por eso, a través de las edades me has visto como un peligro. Quererme o intuirme es el deseo más profundo. Soy tanto la destrucción de tus artificios, como el amparo de tu alma. 385342_525827487448695_1847953477_n

Si comprendes esto, comprenderás porque siempre me he relacionado parcialmente y porqué mis ojos te aparecen tristes.  Si no puedes llevarme contigo en cada momento de tu vida… Si no puedes sentirme como el vacío incierto en tu interior que acompaña el ardor del corazón… Si no me cedes tu más preciosa intimidad… ¡No me llames!  ¡No me busques!  No juegues con el fuego si no quieres consumirte.  No metas tus pies en el agua si no estás dispuesto a ahogarte y fundirte en ella. ¡No abras el cofre que contiene secretos y la eternidad.

Tocaste a mi puerta, la abriste, penetraste en el umbral… y ¿ahora crees que puedes dosificarme?  Aunque pudieras cambiar las cerraduras, la memoria de este momento, como de tantas vidas resonará en tus venas.

Esta es mi respuesta, que es también un llamado.  ¡Atrévete! ¡Levántate y elévame contigo desde la oscuridad en donde me has guardado.  Porque te conduzco al alma que te espera…

 

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