EL PERPETUO DRAMA: ADAN, EVA Y EL FRUTO PROHIBIDO parte III

LA EXPERIENCIA MASCULINA DE LA HERENCIA DE ADAN 

Frodo

Puede ser providencial que no podamos entendernos completamente el uno al otro. Extrema simbiosis podría hacer añicos la frágil identidad que tanto necesitamos como individuos, y alterar la tensión necesaria para la colaboración y la reproducción.   ZR

La tarea más difícil en mi carrera ha sido salir de mis propias facultades de género para entender a un hombre como él se entiende y se siente a sí mismo. No importa cuán neutral u objetiva mi intención, lo que hacia era imaginado o proyectado como mujer.

Primero tuve que discernir y luego apartarme de mi sensibilidad femenina tridimensional para afinarme con una frecuencia paralela que permitiera que impresiones físicas, emocionales y mentales brotaran a la superficie de mi banco de memoria. Eso solo podría suceder desde la perspectiva del alma. Desde ese ángulo, cada vida masculina contrastaba marcadamente con la dinámica de la estructura femenina que prefería. Mirar a través del otro lente      me reveló un mundo completamente diferente.

Mis propios recuerdos de vidas masculinas siempre revelan una sensación de separación del entorno que realmente facilita el trato con los detalles y, por lo tanto, con un proceso de comprensión lineal o secuencial: la capacidad de ordenar y, en última instancia, la manera de construir y moldear la realidad. La vida invariablemente envolvía aspectos de la forma, precedencia y procedimiento concretos, incluso en filosofía. En el misticismo, el corazón celebró la inmensidad de la Creación, pero lo hizo desde una frecuencia mental superior chispeante y desprovista de sentimientos. En otras palabras, sentir para un hombre es una experiencia completamente diferente a la de una mujer: es profundamente interior y enigmaticamente indescifrable. Por otro lado, como médium, sirviendo de vínculo entre realidades, los sentidos corporales permanecían intensamente vivos y vibrantes.

El auto sacrificio masculino es expresivo y total. Un hombre a menudo renuncia a su propia vida en servicio de sus ideales, como el verdadero caballero andante, el rey y el vasallo en uno. Cuando no es puramente sensorial, el tipo de reverencia que evoca el amor en un hombre se eleva a proporciones poéticas y majestuosas, mientras permanece inexorable y profundamente atascado en reinos interiores de vagas premoniciones de Perfección. La naturaleza emocional es muy delicada, receptiva e impresionable. Un hombre fue diseñado para liderar precisamente debido a esta peculiar debilidad, impulsándolo en un camino de feroz compensación a través de la violencia y la brutalidad para poder llegar al reconocimiento de la vulnerabilidad de la vida.

La lucha de la vida por hacerme, Salvador Dali

Experiencia personal

Recuerdo una vida de insoportable agitación interna y emocional, contenida dentro de una fachada externa rígida, autoritaria, muy formal e implacable. En otra, la compulsión de dirigir y compartir mis convicciones me llevó a extremos de privación sensorial y personal. El amor era el enigma, siempre el enigma, que podía volverme loco ya que podía tanto sostenerme como impulsarme. En una vida recuerdo sentirme totalmente realizado yo solito en la cima de una montaña en algún lugar del Tíbet. Y, en el apogeo de facultades mentales, en otra vida escribí un tratado muy complejo que me llevó toda la vida documentar, sin que otra cosa me interesara o distrajera. En esta vida en particular, todo se enfocó en vivir de manera insoportablemente correcta que mi disposición femenina actual catalogaría como completamente aburrida.

Es difícil para una persona común comprender la distinción entre hombres y mujeres, ya que no tiene nada que ver con la apariencia o el juego de roles. Independientemente de su preferencia, cada uno está sujeto a ángulos fijos de percepción y dinámica de género que determinan la receptividad y el manejo de la energía. Las diferencias se expresan como prioridades, perspectivas alternativas y niveles sutiles de comprensión, todas las cuales contribuyen a la construcción de una identidad propia.

Debe tomarse en cuenta que la identidad personal es quizás el elemento individual más importante para un hombre, que contrasta dramáticamente con la dinámica de la mujer en unicidad con las sensaciones y sentimientos de su mundo circundante. Antes de trascender el papel que le ha dado la sociedad, el mundo entero de un hombre se basa en su imagen.

Desarrollo

La herencia de Adán a sus hijos, que son humanos gentiles y más bien pasivos, forzados a cumplir el papel de guardián y protector, se basa débilmente en un modelo de autoridad remota que es difícilmente comprensible. Es una carga enorme de soportar. Su camino se forjó con tensión física, responsabilidad y formidables impulsos de la carne dentro de un espíritu de constante indagación y compulsión por conocer, definir, conquistar, dirigir y adquirir maestría del mundo a su alrededor. La necesidad los llevó a etiquetar todo, sacando conclusiones basadas en sus propias agudas facultades sensoriales. Es la forma en que la naturaleza funciona a través de ellos.

Para entender a un hombre, incluso hoy, es necesario regresar al útero y las esperanzas puestas en un bebé desde el momento de la concepción. Delegados para ser jefes de familia, líderes y constructores, los hombres están obligados a ser la realización de papá, la seguridad de mamá y el hermano mayor de todos. Por contraste, sus necesidades y los placeres son simples; todo es evidente. El pensamiento y la acción siguen a la causa y efecto. Hay poco en el sentido de espontánea sutileza e insinuación. Para la mayoría de las mujeres que instintivamente manipulan emocionalmente, es fácil leer los pensamientos y sensaciones de un hombre e influenciarlos. Esto hace posible que Eva (mujer “inconsciente”) continúe aferrándose a él como la costilla proverbial y no haga nada por ayudar a evolucionar a ambos.

Los hombres son físicamente más grandes y potencialmente más fuertes. Sus sentidos están afinados al mundo físico, a la caza y al acecho, a la defensa y al ataque, a la conquista y a la espera. Para ellos, hay reglas que deben seguirse y una paz que imponer en un camino muy visible y tangible. Hay pasos a seguir. No existe mucho mas allá de la superficie y el alcance de los sentidos físicos.

Desde la infancia, las expectativas se perciben como obligaciones muy concretas que sirven para despertar y desarrollar atributos físicos y mentales de acuerdo con el propósito del alma. Siempre, el énfasis está en el mundo, en detalles concretos y conceptuales para encarnar la piedra angular del orden.

Los hombres ven mucho más que las mujeres. Han aprendido a resonar, percibir, concebir y controlar en formas mentales y físicas definidas que son claramente lineales, incluso cuando son abstractas y teóricas. Como tal, el deporte, la expresión física, la ciencia, la filosofía, las matemáticas y la política son medios preferidos.

El punto flaco, como siempre, son las emociones, que albergan una conmovedora agitación interior que, si bien es intensa, está condenada a permanecer intraducible. Las referencias a menudo son proyectadas e imaginarias.

Las mujeres dicen: “es un mundo de hombres”, pero la mayoría de los hombres no estarían de acuerdo. Lo que es una fuente de envidia para la mujer ambiciosa, para un hombre es una presión ineludible que raya en la opresión; un sentido del deber que cargan su vida entera. Ya sea homosexual o heterosexual, del Norte o del Sur, del Este o del Oeste, no hay tolerancia para la debilidad, particularmente consigo mismo. Con el fin de establecer sistemas de apoyo que aseguren la continuidad, los hombres están diseñados para responder a demandas externas en lugar de necesidades internas.

Mientras que una mujer, respondiendo a ese caos interno de posibilidad perpetua, en última instancia tiene la oportunidad de imponer su libertad en la sociedad al influenciar a los demás de manera invisible, el hombre no tiene tal opción. Su única libertad es mental y en soledad. La libertad se proyecta en un Ideal de Silencio y Perfección total que implica retirarse del mundo, una avenida imposible para una mujer. Normalmente, todo es impulsado por la compulsión de crear y ser reconocido, cumpliendo el mandato de hacerse cargo y ejercer poder externo. El orden mundial depende de ellos, o eso sienten.

El privilegio que proviene de ser un hombre, supuestamente con el apellido de la familia, la seguridad y la esperanza para el futuro, equivale a un imperativo para la creación de imágenes y defensa frente a la constante presión de grupo y la competencia. Debe ser fuerte, duro, confiable, claro, decidido y exitoso, como las imágenes ofrecidas por otros hombres y demandadas por mujeres comunes.

Debemos imaginar la forma en que un niño pequeño percibe el mundo que lo envuelve y que le llama a conquistarlo. Exteriormente se complace de que se le otorgue el papel de hombrecito, algo que se le proyectó al momento de nacer. Hay reglas y las cosas son definibles y claras, sin gran misterio. Muchos hombres se convierten en maestros de la falsificación, actores huecos en un escenario, y excelentes vendedores en el arte de la diplomacia, la superficialidad y la realidad teórica. Manipuladores mentales, pero víctimas inocentes de la incomprensión emocional. Un hombre común no puede estar verdaderamente solo; se reduce hasta la insignificancia sin la calidez y la nutrición de una mujer en su vida, aunque sea tan solo  temporal o solamente su madre. Además siempre buscará algún tipo de aprobación del sistema masculino. No puede vivir sin parámetros.

Eternamente, hay una sensación de fragilidad interna y una inquietante desconfianza.

Inner Man, Akhona Lunika

Sensibilidad

Las mujeres se supone deben ser suaves y gentiles, pero en verdad esta es la naturaleza masculina. Debajo de la superficie tosca, reflejo de la imposición social, un hombre es una bestia pacífica, como en la historia de ” El toro Ferdinando”.

Se lo provoca con facilidad, invadido por las emociones y demandas de los demás, especialmente las fuertes emisiones de la mujer. Intenta descifrarlo todo pero no puede entender lo que el intelecto no puede decodificar: el sentimiento humano y la dinámica emocional. Los psicólogos masculinos de los últimos siglos han fracasado por completo en comprender la compleja y caótica dinámica que enciende la vida: el impulso emocional femenino.

Sin embargo, los hijos de Adán se destacan en nobleza. La intuición conceptual les otorga dignidad y respeto como reverentes patriarcas. La humildad es algo que conocen instintivamente: la sospecha de que todo es un show y él, como macho tosco y bruto, es una mentira. Es su herencia, la sombra de Adán, haciéndolo aun más vulnerable y tenso. El desafío de un hombre es aprender a discriminar en lugar de compensar su falta de sensibilidad sutil pensando en vez de sentir, y obligando a otros a actuar y pensar como él. El mito de la Nueva Era y la fantasía de la irrealidad es totalmente su construcción, incluso si ha sido patrocinada por mujeres y aprobada por la tendencia masculina hacia el consenso.

El hombre actual siente todo el peso de la vida, la angustia del anhelo emocional sin posibilidad de exteriorización y comprensión, cuestionando siempre su autenticidad, encerrado en un rol tras otro, moldeándose según las normas, imponiendo reglas y proyectándose en la gran familia con la esperanza de adquirir la añorada identidad que anhela como verdadero ser.

El sexo es su mayor compensación, tan compulsivo como la supervivencia y la caza lo fueron para los primeros hijos de Adán. Para él, se trata de su mayor logro, una actuación que pule continuamente, exhibida abierta o de forma encubierta. Cuando no puede ejercer esta función, su mundo entero se desmorona y se aniquila su sentido del valor. Su necesidad instintiva es ser importante para otro y el sexo sirve para ello. El dinero ocupa un segundo puesto muy cercano.

Más allá del mundo de lo obvio que domina la sensibilidad de un hombre, el anhelo interno por sus atributos verdaderos y ocultos lo conduce a excesos. A menudo, a través del umbral de un corazón partido, y arriesgando su imagen en el mundo y ante sí mismo, su naturaleza emocional más interna irradia como Inteligencia Sensible.

Hoy

Dada la diferencia en la naturaleza de los géneros, los ángulos de percepción, experiencia y relación con los ritmos y formas de la vida, son los hombres los que tienen el papel más difícil para cambiar sus patrones y los del mundo. Lejos de pensar “fuera de la fórmula”, como se aconseja popularmente, los hombres han vivido y todavía respiran dentro de esa fórmula. La misma fórmula que otorga seguridad al resto de la humanidad, para ellos es una prisión. El reto sigue siendo entrar en un callejón sin salida que mágicamente abre a un mundo donde la autoridad máxima, en lugar de ser dura, es su atrevido amor a la Verdad.

Si queremos crear un mundo mejor para el futuro, debemos comenzar por mirar ESTE, no negativamente, sino con la comprensión de que hemos vivido imágenes de una masculinidad falsa que ha dominado ambos géneros y ya no funciona. A través de su Inteligencia Sensible, el Hombre interior está despertando a esta necesidad cualitativa en un mundo que siempre supervisará, aunque ya no sea el único líder o autoridad máxima. Su amor por la Verdad y la capacidad de manejar las cualidades de la mente lo salva y lo conduce a el y a todos más allá de los patrones del pasado.

Living with your Inner Man

Más allá de la herencia

Mientras que los descendientes de Eva sobresalen en la responsabilidad de infundir un sentido de deleite en lo misterioso, sosteniendo un hilo coherente de sensibilidad a través del caos y la diversidad, los descendientes de Adán llevan la carga de construir la vida humana con los hilos de la inteligencia sensible.

Un hombre comienza su viaje sin saber quién es, siguiendo la precedencia para llegar al conocimiento de sí mismo en el verdadero sentido délfico. A medida que coloca su aura protectora y su esfuerzo disciplinado para ganar una respuesta de los demás, su camino de autoconciencia torna “especial” todo lo que toca y a todos los que encuentra. Él ES el rey. Aprende a amar y apreciar reinando. Las mujeres harían bien en comprender esto y en lugar de competir o explotar, ascender a su propia forma de liderazgo e inspiración.

Un hombre aprende a discriminar. Se gana el respeto. Descubre su Ser al apreciar la confianza que se ha depositado en él. Sintiéndose digno, amado, respetado y apreciado, puede entonces ser la Presencia de la Verdad como Hombre Interior, abriendo el camino y guiando a los demás. Él conoce el camino de su propia ruina y puede proteger mejor a los humanos de sí mismos, mientras honra el principio complementario de la femineidad sin disminuir una pizca de su masculinidad.

Como Eva, una mujer comienza su viaje movida indiscriminadamente por las emociones. Finalmente, aprende a destilar la fuerza del amor genuino que distingue el impulso personal automático de la emisión Auto consciente. El amor que cultiva la lleva a honrar su Ser y a ser honorable. Ella aprende el discernimiento elevándose a una Sensibilidad Inteligente. Aprende a respetar lo que esta en coherencia con su sentido del yo, y a confiar a través de las sensibilidades despertadas de la inteligencia del corazón. Su función es inspirar y guiar a través de la sensibilidad, elevando así la frecuencia emocional de la humanidad. Ahora ella puede SER la Presencia de Amor que debe ser, plena y completa en sí misma, reinando suprema como madre de universos, sosteniendo la vida y al Hombre.

El regalo de la intuición en la manera en que se revela dentro de cada género, mas allá de la herencia dejada por Adán y Eva, deberá convertirse en una parte consciente y activa en la vida de cada ser humano.

Observación importante: El tema de la diferencia de género se aplica UNICAMENTE al complejo corporal en encarnación y la manera cómo concibe a la vida en la materia y su percepción. Como Espíritu somos UNO.

Fin de una serie de tres partes

 

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