EL LEGADO

El Legado: viaje de un alma

Publicado 2018

Desde la visión singular del espíritu que contempla el camino de la Tierra como Planeta de la Paz, se entretejen múltiples perspectivas que invitan al lector a sumergirse en un perpetuo vaivén de resonancia, textura y melodías. El protagonista emerge de los orígenes del tiempo y de la raza humana. Es Aa Meh Lia, una emanación de un alma grupal Sahariana cuyas vidas recuerdan el curso de civilizaciones, ofreciéndonos pinceladas de vidas conocidas y desconocidas. El propósito: La integración de lo personal y lo colectivo, lo masculino y lo femenino, vislumbrando un excelso futuro para la humanidad y el planeta.

Sobre “El Legado”, libro de Zulma Reyo

Por Rolando M. Duarte Mussi

Existen términos que discurren sobre cimientos precarios y anegadizos; la realidad, la ficción, el tiempo o la normalidad, se encuentran circunscriptos a ámbitos en los cuales la palabra, como exégesis o alegoría, debe resignarse a la imposibilidad. Es entonces, cuando lo intuitivo, lo emocional y lo metafísico nos trasladan a un mundo en el cual muy pocas personas se encuentran cómodas.

Transitamos entre la realidad y la ficción, evitando mirar más allá; por ello, cuando se plantean elementos trascendentales relacionados a nuestra propia existencia, emerge esa incomodidad persistente derivada de nuestra limitada capacidad de explicación.

En esta obra, se columbra una relación tan propia del ser humano enfrentado al misterio de la vida; reducido a preguntas esenciales; cuestiones que son atemporales y transversales a cualquier consideración cultural, social, histórica o circunstancial, resumidas en ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿De dónde vengo? y ¿Dónde voy?

Zulma nos propone un viaje interior exigente, que demanda el esfuerzo de desprendernos, conscientemente, de aquellas certezas construidas desde nuestra propia percepción física o material, para plantear como inicio, aquello que la filosofía conoce como docta ignorancia.

Cuando me invitaron a la presentación del libro, fui con cierta aprensión y la suficiencia propia que inevitablemente deviene cuando nos ubicamos (para emitir veredicto) en las altas almenas del castillo de la lógica y la razón, herramientas que, finalmente hallaría inútiles en este menester.

Señalado lo precedente, también debo indicar que como muchos otros, quizá me encuentre en un estadio vital y por tanto empírico, que me permite percibir la ciencia, la religión o el arte, como insuficientes para alcanzar ciertas revelaciones que otorguen sentido a una realidad mundana aparentemente caótica.

Este libro, no constituye una simple obra de metafísica o autoayuda similar a aquellas que atiborran los estantes de las librerías del siglo XXI, por tanto, rompe los prejuicios que vinculan estos libros con la pertinaz instrumentalización (casi siempre comercial) que busca explotar los problemas de autoestima, persiguiendo fines utilitarios tan prosaicos, como el cambio de hábitos, el enriquecimiento material o la explicación sencilla de nuestros problemas cotidianos. No se refiere a nada de esto. 

El propósito de “El Legado” es mucho más profundo y complejo: consiste en acercarnos a un discernimiento sobre la verdad, explorado como un nivel superior que se encuentra allende las palabras, aunque estas sean las de divinidad, conocimiento, realización u otras que denoten un desarrollo humano logrado mediante la expansión espiritual. 

Esta búsqueda se exterioriza mediante un vasto como lúcido conocimiento de las principales culturas orientales, que abarcan una sabiduría milenaria, facilitando la formulación de una cosmogonía cuyas características principales constituyen el sincretismo y el holismo.

Si debo calificar con una palabra (tentación extremadamente común) el sentimiento recurrente que me inspiró Zulma Reyo durante el breve tiempo que dedicó a presentar su libro, lo hago con la siguiente: Intensidad.

La RAE define intensidad, como el grado de fuerza con que se manifiesta un agente natural, una magnitud física, una cualidad, una expresión.

A lo expuesto, se suma (en el libro) la búsqueda permanente del sentido estético propio de las manifestaciones artísticas, construyendo relatos históricos que conjugan una prosa culta con la utilización acertada de recursos narrativos que no prescinden de lo emblemático, lo alegórico y lo implícito. Como toda obra valedera lleva, intrínsecamente, el germen de la duda, del cuestionamiento y esa tensión constante entre nuestra propia naturaleza finita y la intuición espiritual relacionada a lo eterno e inmutable.

En suma final, “El Legado” de Zulma Reyo, es un libro que, en propias palabras de su autora, no debe ser leído únicamente con la limitada comprensión del intelecto, sino con la percepción propia del alma y el corazón. Es en los sentimientos donde radica la verdad pura o, como lo dijo brillantemente Arthur Koestler “La distinción entre lo verdadero y lo falso, se aplica a las ideas, no a los sentimientos; un sentimiento puede ser superficial, pero nunca será engañoso”

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