EL IMPERATIVO FEMENINO

07EL IMPERATIVO FEMENINO:  Piedra angular para un cambio global6BFDB2D7-D25A-4745-B6A4CC4F25509BEA

Se habla mucho sobre cambio climático, temas de género, esclavitud y asuntos relacionados a los derechos de los animales, sin embargo todo continúa igual. ¿Dependemos menos del petróleo o de los químicos tóxicos? ¿Se respeta más a la mujer por quién y lo que es, en vez de por lo que hace? ¿Ha disminuido en algo el tráfico de personas, para que mujeres, hombres y niños adquieran más importancia que la función que se le otorga? ¿Ha cesado la explotación de las especies y más precisamente las formas sutiles del abuso de animales domésticos? Sobretodo, ¿consideramos como nuestra vida personal encierra juegos de poder, formas de tortura y negociación que rayan en trueque barato y el ejercicio del privilegio? Nos mentimos y explotamos los unos a los otros y a nosotros mismos cada segundo de nuestra vida cotidiana mientras, como si nada, hablamos de una ética imaginaria.

Hay algo errado cuando se valora más el cuestionamiento que vivirlo y nos contentamos con sondeos teóricos y con excepciones.   Las discusiones inteligentes no son siempre coherentes con la cualidad de vida de aquellos que hacen el planteo. Lo que podría ser adquiere más dimensión que lo que es. Y los números, las estadísticas, los títulos, cuadros… persistentemente sustituyen la necesidad inminente por autenticidad y realidad.

Otro tema que está muy de moda y que nos toca de cerca aquí mismo sobre la ascendencia de la mujer, concierne a la importancia de María Magdalena. Hay miles de mujeres y algunos hombres que dicen haber sido María Magdalena, o al menos poseer alguna llave secreta de su misterio. Se coloca muchísima importancia en el portador de información y en establecer si la mujer fue casada, tuvo niños, fue pecadora o santa. Detrás del arquetipo de la sacerdotisa femenina que representa, percibimos el glamour que se le otorga como practicante de una magia sexual que es auto-indulgente, si no explotadora. Nada de esto es relevante a nuestra evolución, ni al destino de nuestra civilización y dice mucho más sobre nuestra mentalidad que sobre la historia o la espiritualidad. No conduce a nada.

La verdad emerge de la fuente de la experiencia interior. Para saber hay que vivirlo. Dentro de la psiquis femenina, la Magdalena representó una profunda y antigua experiencia de derrota bajo un simulacro de gloria, y de sumisión pública en un cuadro de igualdad y reconocimiento privados, algo que debería resonar familiar en las mujeres de hoy. Aún así, parecería que esto no ha sido comprendido ni por uno ni otro género, atascados cada uno en apariencias.

Hoy, los géneros exigen igualdad de trato visible, una división de roles y responsabilidades, igual privilegio, derecho y reconocimiento profesional. ¿Esto garantiza igualdad real? ¿Puede la cirugía estética cambiar la realidad interna? Se dice que las mujeres han cambiado, sin considerar que el cambio al cual nos referimos es externo. Muchos insisten que la nueva generación es muy diferente, ya libre. ¿Lo es? La misma temática de supervivencia, dinámica de relaciones, expectativas y creencias ejercen su atracción fatal mientras nos enfoquemos en la superficie, buscando explicaciones en vez de experiencia profunda directa.

Bastaría con que cada uno de nosotros, mujer u hombre, observara un día entero con conciencia, para sentir y ver como vivimos, lo que le hacemos al otro y lo que nos hacemos a nosotros mismos. Hay mayor satisfacción en discutir que vivir, más esfuerzo en inversión económica que en envolvimiento vital, porque nos contentamos con la excepción y las posibilidades. La ecología y la igualdad empiezan con el individuo y el uso inmediato que hace de sus facultades de pensamiento, sentimiento y acción, lo que trae realización interior en vez de ilusión.

En el caso del arquetipo de la Magdalena, su experiencia profunda abre el camino para la comprensión de la real y tremenda influencia de la mujer en el momento presente, revelando la fuerza que surge y nos permite elevarnos a pesar de los obstáculos para elevar el mundo como lo hizo ella. El proceso estructura la manera en como una mujer ve y se reconoce y como ella expresa su fuerza única, sintiéndose profundamente honrada sin tener que ser reconocida externamente. Sin espectáculos. Cuando la mujer conoce su cualidad, se transforma a si y al mundo en que vive. Esta sola experiencia es la piedra angular del cambio global que nos dará el eje interno necesario para solucionar los temas populares tan discutidos.

Hay cambios ocurriendo en los estratos energéticos del planeta que nada tienen que ver con lo que hacemos, lo que nos gusta, o lo que queremos. No se relacionan con el deseo humano o la psicología. No hay nada que el ser humano pueda hacer para “prepararlo” y que suavice el impacto de la experiencia personal profunda. Aún así, conferenciantes, autores y otros tantos videntes dicen prever detalles muy concretos, dándonos instrucciones y delineando procesos, métodos y más técnicas que según ellos nos prepararán para los cambios que han de venir.

Hay un solo elemento que necesita ser desarrollado en el ser humano, la sensibilidad. Todo en el universo pide una sensibilidad que fue olvidada cuando se desarrolló el intelecto hasta excesos alarmantes de abstracción. Las mujeres son tan culpables como los hombres, de manera diferente. Ambos tipos de sensibilidad son necesarios aunque la eterna imperativa masculina sigue predominando: buscar cambios a través de fórmulas, teorías y ecuaciones, en vez de por una flexibilidad orgánica y mental que es libre para adaptarse y fluir, una flexibilidad que abraza en vez de definir o separar. Nuestro mundo siempre será determinado por la cualidad de las mujeres quienes son las sanadoras naturales de la vida. Son las emisoras de aquella influencia que forjará el futuro.

Por más fascinante que sean el paralelismo de la historia y de las posibilidades que se desvelan en los mundos de la ciencia, la tecnología y aún en la Conciencia, estos cambios descriptos se sitúan en el reino del intelecto, concebidos, iniciados y apoyados por los forjadores de la forma, los hombres. La sensibilidad y experiencia emotiva, dominio del campo ondulado femenino de vida física y psíquica es necesaria, conjuntamente con un acceso genuino a los reinos de la mente superior, no más información y técnica. Pero antes, sin embargo, el imperativo femenino exige que “sintamos” para saber.

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