Dimensiones de Conciencia – Parte III

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DIMENSIONES TRASCENDENTES:

EL MUNDO ESPIRITUAL

Este nivel dimensional requiere el menor esfuerzo y por esta razón es más difícil de explicar.  El ser humano no está acostumbrado a conseguir sus metas sin aplicar una intención enfocada y deliberada, con todo el estrés y desgaste que caracteriza la perspectiva lineal de las dimensiones inferiores.  Para el vulgo, la importancia reside en la meta marcada por la mente.  Observemos que existen muchas técnicas para meditar pero que todas ellas se centran en algún artificio para parar la mente.  O sea, hacer algo que detenga el monopolio del pensamiento, para poder apreciar y fluir de manera no-mental con la totalidad de la vida manifestada y no-manifestada.  Esto puede tomar años de prácticas o solo segundos de entrega para brindar la experiencia de la iluminación.

En el pasado, la iluminación sugería retirarnos de la vida diaria. Hoy, el desarrollo de la raza humana nos presenta otra necesidad evolutiva.  El contacto consciente con estas dimensiones más finas provoca el deseo de traer su cualidad dentro de nuestro mundo tangible, accediendo y decodificando la verdad en cada nivel.  La persona se convierte en un puente hacia la construcción de un mundo mejor, un servidor mundial.

Cuando concebimos la acción perfecta, cuando visualizamos la belleza y lo sagrado, cuando buscamos la verdad o empleamos la razón como era concebida por los griegos antiguos, estamos en armonía con estos campos dimensionales más amplios.

Mientras más alta sea la frecuencia vibratoria de la Conciencia, más diáfana y espaciosa será su textura y más fina la sensibilidad.  En este estado exaltado, la percepción ya no es lineal o global; es esférica y concéntrica, extendiéndose hacia un horizonte ilimitado interna y externamente.  El ser humano más que una forma, es un perfume y la vida se revela como un océano de transformación infinita.  Es la experiencia que tenemos en una oración y meditación profunda cuando nos sentimos bendecidos y amados indescriptiblemente.  (Véase “Conócete IX, Aspectos de la Conciencia”)

En las partes I y II vimos como los sentidos físicos y sutiles funcionan.  Los sentidos espirituales o internos son catalizados por medio de la participación del ser humano en la resonancia o irradiación que surge desde su interior, en la ausencia de distracciones materiales.  La espiritualidad abraza todas las dimensiones del Ser, partiendo desde los niveles de esencia pre-conceptuales y pre-substanciales.  En el ser humano define una vida vivida profunda e intensamente, sin juicio o cualquier otra forma de escapismo.

Esta última franja de frecuencias dimensionales emplea la facultad de la Conciencia conocida como la “No-mente”.  “Saber” en este nivel es vivir bajo el reflejo de nuestra propia Presencia que contiene la totalidad.

Mientras que la línea de demarcación entre las dimensiones materiales y holísticas era una de amplitud, la que existe entre las dimensiones holísticas y espirituales es una de profundidad.  En las dimensiones holísticas, la noción del tiempo no existe.  Todo ocurre en el aquí y ahora eternos.  No hay dónde ir.  No hay necesidad de máquinas o artificios técnicos o esotéricos, rituales o procedimientos especiales, foco o cálculo.  La frecuencia de nuestro espíritu combina exactamente con toda la vida.

La vida como la entendemos se manifiesta por medio de diferentes ratios de substancia y conciencia.  En las dimensiones inferiores la presión material de la substancia es mayor; la conciencia sirve para moldearla y guiarla.  Según vamos progresando, la conciencia aumenta y la materia sirve de mero contenedor y transmisor.  En los niveles más altos, la Conciencia es suprema; existe apenas una insinuación de substancia. La espiritualidad es la exaltación de la materia como espacio. Las formas dimensionales superiores son tan vastas como para aparecer transparentes. 

Imagina un cuerpo humano del tamaño de una galaxia y podrás comprender lo que es la estructura a estos niveles.  Existe poca “substancia” en las dimensiones espirituales.  Por contraste, la presión del espacio es más intensa que en la materia.  Si fuéramos a vivir estas dimensiones físicamente, sería imposible sustentar la presión atómica.  La luz vibra en una frecuencia mucho más elevada que la materia.  Piensa en un astronauta en el espacio sin su traje.  Un individuo que no está preparado física y mentalmente para sustentar los voltajes activados en estos niveles, alucinaría, imaginaría o negaría experiencias que fácilmente definirían la locura.

En mi sistema, la primera de las dimensiones espirituales es la décima.  La alcanzamos por medio de la oración y la meditación.  Nuestro ánimo es tan exaltado que espontáneamente evocamos niveles de espaciosidad.  De hecho, normalmente nos volcamos a ella después de gran frustración y en tiempos de necesidad cuando nada más parece ayudarnos.  El “cielo”, “nirvana”, o “samadi” describen un estado receptivo sin contenido que se alimenta de la frecuencia de luz que también está presente en el centro de la estructura atómica.  Por esta razón es nutritiva. 

Nuestro contacto con los seres de los elementos y el poder arcangélico a este nivel, se traduce en éxtasis angélico y la intuición de la perfección.  Es un lugar al cual regresamos tantas veces como creamos la oportunidad para ello.  Es un rincón accesible a todos en tiempos de necesidad, cuando el alma llama.  El corazón más simple es el que está más cerca.

Para la mente más complicada, alcanzar este estado con conciencia no es tan fácil.  Aquí no hay lugar para la personalidad o para la preocupación con el mundo material.  No hay identidad.  Para concienciar este estado y sustentarlo, la persona revierte a su cualidad particular de espíritu sin importancia personal.

En el campo medio, la mente superior alcanzó un estado de plenitud comparable a una amplificación holográmica de todas las facultades simultáneamente.  La llave para la comprensión fue la sensibilidad.  El estado de Ser en este nivel, ahora amplía su percepción interior para incluir altura emocional como puro sentimiento, más allá de emociones calificadoras. Para nosotros en la dimensión humana, éste aparece como la no-forma, espacio como Inteligencia pura esencial.  Desde esta altura contemplamos la actividad generativa trascendental.

Aquí hallamos refugio y descanso, inspiración y el tipo de seguridad y auto-confianza que emerge del saber que somos vistos y amados por nuestro “Yo”.  Es un plano divino lleno de alegría y vitalidad.  Su función en nuestra escala de frecuencias es inspirar esperanza aquietando la mente y elevando la emoción a un plano de perfección, belleza y luminosidad.  Es un reino de unión e individuación que nos transporta desde las limitaciones de la materia a lo sublime de lo posible.

La experiencia de la undécima dimensión es poco común.  La razón es que estas frecuencias son tan demoledoramente intensas que debemos abandonar, aunque sea momentáneamente, el formato tenue de nuestra forma física y todos los apegos que esto implica.  La experiencia cercana a la muerte corresponde a esta dimensión. Los místicos y seres iluminados que han llegado hasta aquí transmiten Vida pero no la viven como nosotros.  No tienen necesidad de palabras; su mera Presencia transmite divinidad.

Esta es la fase de los bodisatvas y guardianes de las grandes religiones.  Es el lugar del “Yo Soy”.  Cada vez que aspiramos a servir a la humanidad, preguntándonos como podríamos hacerlo, contactamos con las fuentes que surgen de este plano.  Ocasionalmente, algunas experiencias en sueños suceden a este nivel dimensional.  En estos estados contactamos maestros en el camino de la iniciación y traemos de vuelta memorias vibrantes.  Última parada para la experiencia planetaria, esta dimensión responde a las necesidades del alma de humanos que buscan nuevos paradigmas y combinaciones para la vida en la tercera dimensión.  Se elevan aquí para recibir el flash de inspiración que luego será decodificado como “revelación”.

Nuestra experiencia de la Conciencia en la undécima ofrece el punto focal de oscilación que constituye nuestra llave energética eterna, o identidad.  Se le ha llamado “El nombre secreto”.  Es una combinación de frecuencias del espíritu exclusiva para cada uno en nuestra larga jornada por todas las dimensiones.

La dimensión más elevada de todas, en nuestro sistema evolutivo, es un estado indiferenciado de pura Irradiación, una Fuente.  La duodécima dimensión es un punto de referencia teórico. Representa el Estado de Ser Absoluto, un estado de pura irradiación en el umbral de un sistema mayor de Conciencia.

Añoramos esta altura suprema como divinidad para saciarnos con esa cualidad espiritual que nos guía y sustenta.  A través de nuestra participación en las dimensiones inferiores, constantemente recibimos su flujo pero no podemos tocarla tangiblemente.  La sentimos pero no podemos verla.  Nos rodea y está constantemente esquivándonos.  Está dentro nuestro y aún así… no la comprendemos.

CONCLUSIÓN

Las dimensiones despliegan un sistema de transferencia energética que responde a cada necesidad nuestra.  Ilustran la jornada del espíritu al concentrar y condensar la Conciencia y la materia gradualmente hasta definir nuestras facultades humanas.  El dicho viaje de “retorno” consiste simplemente en reintegrarse a esas formas y facultades en todas las dimensiones del Ser.  Nuestro propio potencial resuena en sintonía con todas las estaciones y aspectos de la creación.  A cada nivel de Conciencia, recuperamos y empleamos un tipo de fuerza que nos permite acceder las respuestas.

Al traer estas fuerzas de vuelta a la realidad física, el nivel de preparación mental que poseemos según nuestro condicionamiento social, nos otorgará la manera de desenredar las impresiones y de traducirlas en formas útiles.  Es por esto que se necesita una mente disciplinada y una sensibilidad entrenada, para acompañar en profundidad y neutralidad, resonando empáticamente. No importa si no estamos conscientes del nivel exacto de actividad dimensional.  La realización, la alegría, la verdad, la revelación y la sabiduría están accesibles a los que se afinan sinceramente a estas frecuencias.

Nuestro propósito en escribir esta serie “Dimensiones de la Conciencia” es revelar las dinámicas de la Inteligencia como Conciencia que sobrepasan hasta la tecnología más sofisticada.  Es mi esperanza, que en esta etapa de la historia humana, evitemos los errores del pasado y al orientarnos hacia un mundo mejor, desarrollemos las cualidades sensibles de la emoción y compasión humanas que conducen a la manifestación de la Perfección, el cielo sobre la tierra.

En nuestra jornada por la experiencia humana, ninguna dimensión es mejor o peor que otra.  Sólo aquí, en la tercera dimensión, almas de variada especialización dimensional se encuentran e interactúan para desafiar e inspirarse mutuamente.  Algunas personas están más afinadas a los atributos de una o varias dimensiones, pero todos existimos y funcionamos en ellas, aunque no seamos conscientes de ello…todavía.

Resonancia Empática 

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