Dimensiones de Conciencia – Parte I


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SERIE “DIMENSIONES DE CONCIENCIA”
Parte I

LA DIMENSION HUMANA:  MENTE SOBRE MATERIA

Mientras que la materia evoluciona, la Conciencia se expande.  Esto ocurre a través de la experiencia directa, íntima y algo formidable de las dimensiones múltiples del Ser.

En nuestra gama normal de actividades, nuestros sentidos físicos, junto con el cerebro, captan y evalúan el mundo material.  Al mismo tiempo, poseemos sentidos sutiles que perciben de manera no-lineal y facultades espirituales que reflejan fuerzas invisibles que se manifiestan en diferentes estratos de la Creación.

“Igual atrae igual.”  Conectamos con cada nivel sensorial vibrando en la misma frecuencia, accediendo a fenómenos físicos, mentales, emocionales y espirituales. Participamos en los procesos de la materia así como de la luz y finalmente en pleno reconocimiento de un fenómeno trascendente de divinidad inherente.

Las dimensiones forman una matriz con capas o dimensiones de actividad que se asemejan a una cebolla.  Cada dimensión abraza una gama de frecuencias que sirve a una función particular.  Por virtud de poder modular la conciencia, la humanidad es la única especie que se comporta en sintonía con el mundo animal y que también se conoce como un ser en unión con lo divino. Habitualmente nos limitamos a la materia y a la forma.

El primer desafío que confronta una persona que quiere conocer la naturaleza del universo, es pasar de la percepción de la dualidad a la concienciación de una realidad inter-penetrante que es mucho más amplia.  En esta serie revelaremos como esto implica la modulación de la conciencia desde lo mental a lo holístico y finalmente a una sensibilidad sutil que es puramente vivencial y alcanza el núcleo del Ser.  Al vibrar al unísono con ciertas frecuencias, accedemos a los varios idiomas de un universo especialmente sensible.

Una dimensión sirve cierta función evolutiva y reverbera un ritmo vibratorio que conecta con otros en una escala de complejidad creciente.  Las dimensiones primera y segunda involucran solo a la materia y no envuelven la conciencia humana, más bien reflejan dinámicas elementales de gestación, descomposición y recreación de la materia.  Resuenan micro-cósmicamente como presión que gesta a la substancia y al movimiento en niveles inferiores al de nuestra inteligencia.  Nuestro cuerpo refleja esta actividad sub-atómica.  Somos capaces de insinuar su textura, color, sonido y ritmo indirectamente por medio de una observación enfocada de nuestros propios ritmos y pulsaciones.   Ciertos latidos, como el del tambor y otros instrumentos tribales rituales, facilitan estas percepciones, emitiendo pulsaciones que calman la actividad cerebral – obviando la función lineal – y conectando con la conciencia biológica y geológica.  Es el fundamento del chamanismo.

Utilizo un sistema o mapa de doce dimensiones.  Este estudio consiste de tres partes que delinean nuestras habilidades potenciales y nos ayudan a identificar el campo de vibraciones en el cual se despliegan.  En esta Parte I, trataremos la escala básica de actividad humana, de la Conciencia en la materia: la dimensión humana, que en mi sistema abarca desde la tercera a la sexta dimensión de Conciencia.

La tercera dimensión está intrínsecamente vinculada a la cuarta, quinta y sexta.  Estas son lineales y tecnológicas.  Emplean la mente común como una extensión de los cinco sentidos físicos.   De esto resultan los elementos emocionales, relacionales y psicológicos y forman la textura de estas dimensiones que reflejan nuestras necesidades físicas y sociales y los sistemas de comunicación y logística que los sirven.

¿Conoces el cuento del ciego en la cueva con un elefante?  En él se le pide que identifique las partes del cuerpo del animal tocándolas.  Este describe cada parte según su experiencia inmediata del ciego, haciendo paralelos con su realidad y expectativa.  La cola parecía ser una especie de serpiente o animal tubular.  La pata se asemejaba al tronco de un árbol.  Las orejas asolapadas parecían pertenecer a un animal alado.  El ciego carecía de plena visión y por lo tanto de un entendimiento de cómo las partes funcionan en su conjunto.

De forma parecida, cuando subimos una montaña observamos diferentes perspectivas del territorio a su alrededor. A nivel del suelo percibimos actividad individual.  Al subir más alto, somos capaces de observar interacciones con otros elementos.  Nuestra perspectiva es más amplia.  Solo desde la cumbre podemos ver 360º a nuestro alrededor para comprender todos los acontecimientos simultáneos y dispares que ocurren en las diferentes alturas y expansiones del terreno.

La Dimensión Humana a este nivel (de la tercera a la sexta dimensión) es una fase creativa, exploratoria en la experiencia de la vida, en dónde la inteligencia funciona sectorialmente y en secuencia.  Divide en partes y las vuelve a unir, ofreciendo la posibilidad de aprender a construir, desagregar y reconstruir.  Cada etapa engloba una mayor complejidad así como intensidad.

La desventaja es la fascinación que este proceso genera.  Nuestras creaciones repiten un patrón predecible.  Nuestras nociones del tiempo y de la distancia imponen una predisposición lineal y evolutiva que exige continuidad y fijación, dejando poco espacio para la simultaneidad, la probabilidad y expresiones alternativas.  La gama de dimensiones humanas ofrece interpretaciones, pero solo los humanos que se elevan más allá son capaces de captar la totalidad de causa y efecto.  Somos incapaces de intuir conceptos totalmente nuevos a menos que estemos dispuestos a adaptar un punto de mira más fino, no-lineal.

Sorprendentemente, el reino psíquico, erróneamente catalogado como una habilidad espiritual, forma parte de los fenómenos de este sector tridimensional y se relaciona estrechamente con nuestras proyecciones personales.  La percepción extrasensorial espeja el mundo de causa y efecto que alimenta las necesidades específicas en una realidad psicofísica.

La conciencia humana a este nivel pide concienciación y dominio.  Es aquí dónde desarrollamos la flexibilidad y erguimos la base para las facultades supra-mentales necesarias en las dimensiones más altas.  La concienciación y el dominio de la tercera dimensión constituyen la primera iniciación en cualquier tradición esotérica.

A plena vista, nuestro cuerpo es una unidad compuesta de partes.  Para el ojo entrenado, nuestra forma está estructurada en capas de substancia progresivamente finas, extendiéndose electromagnéticamente en un campo áurico y continuando hasta formar una acuarela exquisita de partículas ultra suaves de luz, que constituye la irradiación arco iris del espíritu.

El cuerpo físico posee su propio idioma.  Las emociones emiten ondas de color y calidad; éste es el lenguaje de su conciencia, una ondulación centellante de partículas sutiles.  Su naturaleza es sensible y relativa.  Nuestras mentes proyectan frecuencias direccionales por medio del pensamiento y la imagen que parecen funcionar independiente y abstractamente, pero que en realidad derivan su calidad de la movilidad emocional y la vitalidad física.

El propósito de la conciencia en la tercera dimensión es construir un puente entre el yo elemental instintivo y la auto-conciencia que eventualmente florecerá en Conciencia del Yo.  Las relaciones son el campo de entrenamiento.  Aquí, nos comunicamos unos con otros y a menudo mandamos mensajes físicos, mentales y emocionales que se contradicen.  Nuestra atmósfera global es un enredo de ondas y cables frenéticos que se hilan por la humanidad y sus creaciones.  Absorbemos impresiones de los medios, nuestras familias y del extraño que cruzamos en la calle.  Aunque desconectemos nuestra mente, o nos distraigamos, nuestros cuerpo, mente y campos emocional están constantemente absorbiendo polución ambiental y humana.

A otro nivel, cada vez que pensamos, visualizamos, imaginamos o recordamos estamos expandiendo nuestras habilidades mentales en la cuarta dimensión.  La quinta dimensión oscila ligeramente más rápido como ritmo y calidad; es responsable por planificar, especular, asociar y deducir lógicamente.  Junto con la cuarta, trabaja con modelos, capaz de percibir la totalidad y también las partes.  En este nivel accedemos a los patrones, sea éste el de un vestido que cosemos o un modelo de aeroplano que estamos armando.

Las soluciones en este nivel aparecen como probabilidades.  Esta facultad es empleada globalmente en la mecánica de la estrategia militar.  Estos son los espacios asociativos desde donde formulamos una lista para ir de compras e integramos eventos del pasado.  En la psicología moderna es la gama de la introspección y la flexibilidad creativa.

La sexta dimensión es asociativa y dinámica, apartada de las practicidades de la tercera dimensión aún sirviéndola.  La habilidad mental en esta dimensión permite la ejecución y la comprensión de la mecánica de la tecnología de ordenadores y la pintura abstracta moderna.  Alcanza un nivel creativo de posibilidades.  La contactamos cuando soltamos la manera rígida de ver las cosas y nos permitimos el proceso de desintegración tanto como el de reformulación.

En la tercera dimensión, el cuerpo nos ofrece estabilidad, las emociones flexibilidad y la mente nos presta las herramientas conceptuales para manejar ideas.  Normalmente aprenderíamos el dominio de la conciencia en este nivel por medio de las lecciones que la vida nos otorga, pero las condiciones de hoy son diferentes.  La humanidad está ya bastante avanzada en la cuarta dimensión, así como también está activa en un número creciente de individuos que viven, respiran y dan vida a los avances tecnológicos en la quinta y sexta dimensión de Internet e investigación científica.  La percepción dentro de estas tres dimensiones adyacentes se despliega como razonamiento intelectual, académico, informativo, estratégico y abstracto.

Se crea una situación sin precedentes.  Este campo de actividad es tan absorbente que los detalles de la vida diaria, es decir los sentimientos, son totalmente anulados.  Dado el enfoque desmedido en la actividad mental en este momento de la historia, se evidencia una brecha enorme entre el intelecto y el cuerpo físico, especialmente pantanoso al nivel de las emociones.  Los “frikis” notoriamente evitan las emociones.  Esto constituye un problema, ya que la vida más sutil y compleja es esencialmente sensible.

Cuando aprendemos a ocupar nuestro cuerpo plenamente y hay coherencia en nuestros pensamientos, emociones y acciones, las energías responsables por estas funciones traspasan a un campo mayor de actividad.  Espontáneamente, una esfera luminosa de protección surge a nuestro alrededor permitiendo la percepción sin distorsión egóica en la próxima gama de actividades dimensionales.  La frontera protectora que surge refleja la manera en como hemos refinado nuestra mente, emociones y cuerpos.  Esta estabilidad vibratoria es un pre-requisito para cumplir el primer principio en la senda de la maestría: colocar la voluntad personal al servicio de la voluntad superior.

La próxima serie de dimensiones requieren habilidades totalmente diferentes que no serán accesibles a menos que la primera haya sido dominada.  Envuelven flexibilidad emocional y mental.Neo_Matrix3D_big03     

Parte II de esta serie: LA DINÁMICA HOLÍSTICA

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