CONÓCETE XX

CONÓCETE XX

LA LUCHA ENTRE EL SER Y LA PERSONALIDAD

Identity  

Identidad

El Ser (“Yo Soy”) es un estado, una experiencia de totalidad como cualidad, subjetiva e íntima. Pura percepción sin contenido: Yo sencillamente Soy.

Esto es difícil de captar o apreciar en nuestra realidad cotidiana.

Intuitivamente caemos en este estado cuando estamos enamorados, en ensoñación, o en meditación; toda percepción fina se acentúa. Millones de antenas receptivas, delicadas e invisibles se extienden hacia el infinito, altamente sensibles al propio espacio. Se trata de movimiento y cualidad.

Sin embargo, el Ser no está equipado para la existencia tridimensional. Para acumular experiencia en manejo energético de todo tipo, requiere de una forma, una estructura que le permita conectarse con y distinguirse de su entorno. El cuerpo nos ofrece dicha forma y a través de él la personalidad se desarrolla. El cuerpo y la personalidad son casi lo mismo; uno manifiesta la estructura visible y la otra lo sutil que rodea al Ser.

Del mismo modo que el Ser requiere una forma, la Conciencia requiere un punto focal de atención a través del cual manejar vitalidad al tejer sus innumerables texturas de experiencia en la materia. Usualmente, al ser humano le concierne los estímulos físicos y la evaluación, y fuera de acceder a la herramienta primaria de percepción – el cuerpo y la personalidad – aplica una concienciación limitada.

Una persona se acepta como identidad que responde a un nombre, con hábitos, y vistiendo un cuerpo, algo como un banco de memorias compuesto de reflejos psicofísicos. Tenemos poca concienciación del “Yo” y las facultades, poderes, atributos que maneja son vistos como fenómenos aparte. Nos convertimos en nuestro mundo, definidos por lo que hacemos, observamos, y vemos a través de los sentidos. Las impresiones se convierten en filtros de percepción.

Moldeamos, identificamos y manejamos todo lo que nos rodea por medio de los filtros del yo de la personalidad. Proyectamos los sentidos, facultades, poderes y habilidades a través de este foco, según nuestra programación cultural y lingüística. Los filtros persisten en tanto y cuanto la referencia central permanezca fija en sí misma, su mundo o realidad circundante.

La mayoría de las personas viven su vida de este modo.

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El Proceso de Destilación

Algunas personas intuyen que la vida es mucho más amplia y añoran la experiencia original del Ser.

La Alquimia Interior apunta a conectarnos con este estado original en plena conciencia, incluyendo la atención necesaria en el día a día. Para cuidadosamente retirar los velos que rodean la percepción, en vez de tratar de cambiar la realidad externa, el objetivo es identificar las actitudes y predisposiciones personales. Una vez que la vitalidad es liberada de sus formas limitantes, en sensibilidad, la capacidad para discernimiento y manejo es mucho mayor.

Descubrimos que nuestras funciones son posibles en virtud de la vitalidad, aprendiendo la diferencia entre energía y fuerza, y reconociendo que estamos todo el tiempo comprometidos activamente en creación y cualificación. Percibimos capas de imágenes construidas superpuestas sobre una Realidad mayor. Discernimos entonces por frecuencia y no por significado. En los mundos internos no existen etiquetas.

Cuidamos de distinguir las sensaciones físicas de las emocionales. Ambas se sienten en el cuerpo. La sensación física tiende a ser más densa y a emitir pulsaciones, mientras que la sensibilidad emocional va y viene en circuitos redondos que se extienden desde el cuerpo. Las sensaciones mentales son más difíciles de percibir porque están íntimamente vinculadas a las sensibilidades físicas y emocionales más pesadas. Aprendemos que la mente funciona con respuestas condicionadas y activa y dirige la cualidad de la sensación. Su frecuencia es más fina, horizontal, como un laser. Su característica como formadora de imágenes cataliza todas las otras sensibilidades.

Hay niveles y tipos de actividad mental. Las facultades racionales, lineales se relacionan con datos físicos, relaciones y cosas tangibles que tienen que ver con tiempo y espacio. La gama abstracta de actividad intelectual ocurre más allá del cerebro, como realidad separada, envolviendo la actividad sensorial extendida. La Inteligencia permea todo el cuerpo y la percepción extra sensorial abraza la sensibilidad a un nivel extra corporal más fino.

El yo personal, o sea la personalidad común, identifica, maneja y procesa facultades y poderes. Este proceso está tan intrínsecamente ligado que es difícil separar los efectos de la causa. Sin embargo, la inteligencia subjetiva, el Yo que usa la personalidad, es muy diferente de los mecanismos de la personalidad en sí. Esta es la primera lección de gran importancia al entrar en el camino espiritual. Algunas personas no emergen de su relación simbiótica con el contenido y significado programados.

La experiencia se limita a la flexibilidad del ego. Invariablemente, el buscador repetidamente usa su personalidad para trabajar sobre la misma, polarizándose aún más. Ocurren las condenas, negaciones, represiones y substituciones. No importa cuan indulgente, abstracto o filosófico sea el intento, no existe distancia entre el yo y los significados que percibe. El desenredo implica un largo proceso. Una vez que distinguimos las facultades como una dinámica mecánica que ocurre aparte del sujeto, estamos en posición para retirar los filtros.

Objetivamente, en otras palabras la verdadera “objetividad-subjetiva” ocurre cuando transferimos la identidad de la personalidad y la vida común, a la Conciencia, un estado de Ser interior. “Sabemos” este estado de ser que es capaz de comprender y sentir. Al principio se vive como un nivel aparte de Conciencia, desconectado de la vida común. Sin embargo, en algún momento descubrimos que para expresarnos en el mundo, necesitamos y usamos la mismísima personalidad que tratamos con tanto esmero de corregir, reformular y hasta eliminar. Esto nos aporta el primer sabor real de alegría y liberación.

La personalidad es un conjunto de reflejos construidos sobre la textura de la experiencia física, emocional y mental. Cada capa, o cuerpo, tiene su vocabulario y su repertorio. Es así como el ego-yo construyó su asiento de poder en el mundo. Mientras estamos vivos, este complejo estructural es nuestro único medio para interpretar y construir la experiencia. El espíritu constantemente busca expresarse por medio de él. Lo único que se necesita es un giro en nuestra atención.

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Tensión y atención

Al principio, el contacto con el foco más interno de conciencia como Yo es incorpóreo, idealizado. Los estudiantes tienden a colocarlo fuera del cuerpo, flotando en el espacio, o encontrarlo en el centro del pecho. Lo sentimos como algo íntimo, vulnerable, y sin embargo lejos de las emociones personales. El contraste entre estar en un marco normal de actividades mente-cuerpo y estar dentro de esta profundidad interior es formidable.

La vida común está repleta de tensiones, y por lo tanto los estudiantes caen una y otra vez en la mecánica de la personalidad. Se establece una lucha con el “tiempo” y el “hacer”.   Hasta para alcanzar ese espacio bello en el interior, hacemos un esfuerzo. A menudo crea más tensión, más separación. La presión del tiempo pesa sobre nosotros, y el tiempo se traduce en ejecución, lo que crea un regreso al automatismo de la personalidad, perdiendo contacto con el Yo más íntimo. Es así como hacemos tiempo para tener tiempo para meditar, y nos encontramos frente a la impotencia de tener poco tiempo o ningún tiempo para disfrutar el Ser. Eventualmente algo hace clic en el interior. Descubrimos que no necesitamos hacer nada y que ya estamos ahí. Somos ESO.

La Alquimia Interior empieza cuando el estudiante es capaz de sustentar su atención en ambas “realidades” y funciona dentro de ellas a través de los instrumentos de la personalidad consciente. (véase link AA: http://www.lamujerinterior.es/el-alineamiento-alquimico/)

Finalmente, el esfuerzo en conciencia da resultado y ocurre la relajación. El foco o el punto-fuente de referencia pasa hacia un telón de fondo sereno. La integración entre el espíritu y la realidad física se convierte en una posibilidad. El espíritu ahora puede servirse de la personalidad y sus talentos como fuerzas, y también prever limitaciones. La personalidad se vuelve una herramienta. Ahora podemos limpiar las ventanas de la percepción y usar el instrumento sin las inferencias acumuladas y automáticas del ego.

Esta es la percepción que coherentemente podemos alcanzar en diferentes niveles de realidad. La cualidad del yo personal determina el tipo de mundo que creamos, las creencias que sostenemos, las construcciones que ingeniamos, como somos percibidos y lo que percibimos. Cuando vinculada al egoísmo, la percepción y sus posibilidades envuelven solamente el yo y nuestro mundo. Cuando emergen desde el centro del Ser, son ilimitadas y poderosas.

El manejo correcto de la personalidad posibilita una vida exitosa en ambos mundos.

 

 

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