CONÓCETE XIX – LA ALQUIMIA NUESTRA DE CADA DÍA – Parte III

CONÓCETE XIX:  LA ALQUIMIA NUESTRA DE CADA DÍA – III

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Transmutación y sublimación

 Inadvertidamente practicamos accidentalmente una especie de alquimia en nuestro día a día, dirigiendo las facultades visuales, mentales y emocionales hacia una manifestación. La imaginación es como una memoria-fantasía que visualmente concibe y orienta formas de pensamiento con la rapidez del relámpago; la atmosfera altamente maleable lo acepta como un comando, imprimiendo moldes que aguardan expresión material.

 Somos seres multidimensionales. Tenemos acceso natural a todas las formas e inteligencias, ya que nuestra estructura física e inteligente participa de las mismas substancias y posibilidades. Todo está dentro nuestro. Imaginamos lo que ya de alguna manera es parte de nuestra historia subconsciente o supra consciente. Podemos concebir del estado angélico o etapas históricas porque lo “sentimos-recordamos” y así lo evocamos o manifestamos. Por supuesto que esto funciona negativamente también. El acceso está restricto a nuestro conocimiento y al nivel de frecuencia en que vibra nuestra Conciencia.

 Nos comparamos, contrastamos, separamos o fusionamos con condiciones muy fácilmente. Nos identificamos con personas y situaciones en la vida real como en las películas y libros. A veces nos olvidamos hasta de lo que somos y pasamos a asumir identidades diferentes a la nuestra, por que hay algo en común. Podríamos decir que conocemos a alguien cuando nos ponemos en su lugar. Es un don del ser humano que usa sin plantearse lo que envuelve. La identificación que ocurre entre personas pone en manifiesto un gran axioma de la alquimia de todos los tiempos: igual atrae igual. Esto se refiere a la frecuencia vibratoria y no a la apariencia. Interpretamos y reinterpretamos el mundo a través de las facultades que compartimos con criaturas y elementos, pero lo hacemos también con el filtro particular de nuestras preferencias. Así igualmente proyectamos e imponemos limitaciones y condiciones que no son reales.

 Alquimia Interior requiere una postura física y mental que pueda manejar corrientes y fuerzas energéticas con discernimiento. Implica modulación y sustentación de la inteligencia y sintonización con el ritmo vibratorio de la substancia. El proceso conlleva al despertar de sentidos internos y la evocación de todo un abanico de experiencias en común con otras formas de la Creación.

 El alquimista de hoy, entrenado en el uso de sus poderes y facultades ejecuta las operaciones alquímicas de manera ordenada y consciente. Reconoce su hermandad con toda la creación, tanto en las cualidades y densidades de la materia que le viste como en los diversos ritmos vibratorios de sus facultades de Conciencia. Deberá afinarse con la frecuencia de la materia tanto como con la vibración y el tipo de inteligencia necesaria. La depuración del plomo en oro es una analogía para lo que ocurre deliberadamente en la psiquis del alquimista; para reconocer, evocar, o producir oro debe convertirse en oro, refinando sutilmente sus facultades de percepción y creación humanas.

 El gran objetivo de las escuelas de misterio siempre ha sido revelar las leyes que conectan al ser humano material y espiritual, constatando y aunando poderes, elementos y procesos que facilitan ese vinculo. La diferencia entre el alquimista real y los automatismos del ser humano caprichoso es el grado de concienciación, disciplina, intención y sustentación de sus varios campos y facultades energéticas. Lo que determina la cualidad última de una creación es el nivel de Conciencia. La transmutación, como la sublimación, empieza por el trabajo que el sujeto tiene que hacer sobre sí mismo (http://www.lamujerinterior.es/alquimia-interior-la-supraconciencia/ ).

 El momento en que reconocemos que somos Conciencia y que como Inteligencia creamos constantemente, obtenemos la clave para la rehabilitación de nuestro mundo. El proceso es el mismo para la Inteligencia global que rige el Cosmos como para el ser humano en su mundo individual. La Gran Obra de la alquimia inmemorial consiste en re-identificar el ser humano común con su Ser inmortal y poderoso como Luz y Principio. Es “el casamiento alquímico”, la inyección o iluminación del fuego sagrado interior de la Conciencia sobre la materia viva del cuerpo físico del alquimista. Este es el “oro” al que se aspira.

 La sutileza y alta resonancia de los sentidos que acompaña un temperamento refinado espontáneamente emite un cierto impulso trascendente. En la etapa inicial, la transmutación y la sublimación consisten en una elevación del ritmo vibratorio de la materia. La primera se relaciona con el mundo físico, y la segunda abarca además la frecuencia del campo comportamental, o sea su expresión.

 Se dice que la visualización del fuego violeta es capaz de transmutar la negatividad ambiental o física, lo que puede provocar una sublimación en el comportamiento. Esto ocurre porque la frecuencia violeta define el margen del espectro de colores entre lo visible y lo no visible, lo material y lo sutil. Visualizar es fotografiar o imprimir una estructuración en los éteres. Sentir es imponer un ritmo vibratorio (el que marquemos nosotros) a nuestro alrededor. Pensar es dirigir o determinar la forma. Generamos calor o excitación cuando nos animamos, o lentitud y serenidad cuando nos calmamos, todo a través de una respiración rítmica. Damos la orden a las células de nuestro cuerpo y ellas obedecen. Aprendemos a dominar las funciones físicas con yoga, artes marciales, danzas, y ejercicios bioenergéticos. También influimos sobre el tejido físico con la alimentación. Todo lo que le hacemos al cuerpo que module su ritmo vibratorio es una especie de transmutación a paso lento.

La transmutación alquímica ocurre cuando se altera la carga atómica de una substancia como en el ejemplo del plomo en oro; la diferencia entre la composición de los dos elementos es un solo electrón. Sería algo análogo a la fisión del átomo y la producción de elementos y substancias “artificialmente”. En el caso del ser humano la “mutación” o carga energética se produce por virtud de los efectos de la Conciencia en acción que re-estructura las moléculas. La Conciencia comanda y la materia obedece.

 Un pensamiento sin emoción es seco, una mera fórmula. Las emociones cualifican los pensamientos y les prestan movimiento. La sublimación envuelve el repertorio de nuestras identificaciones, creencias y apegos a nivel emocional y mental. Requiere un esfuerzo que no tiene mucho atractivo para la persona cuyo interés es dominar o conseguir un resultado a través de su voluntad personal.

 La sublimación envuelve disciplina mental y emocional. Requiere el reconocimiento de la gama de frecuencias de cada una de las emociones, que se agrupan en una escala bajo categorías de igual impulso pero diferente intensidad. Así la irritación y la furia son de igual naturaleza pero de diferente ritmo vibratorio. Detrás del liderato y la ira, el denominador común es el impacto del instinto creador. Dentro del miedo y la avaricia, ambas expresiones de contracción y retención, yacen un sentido distorsionado del cuidado y el aprecio.

 Al concienciar el voltaje vivencial de una forma-pensamiento (http://www.lamujerinterior.es/conocete-x-personalidad-es-una-forma-pensamiento/ ) y distinguir el aspecto mental de su carga emocional, podríamos con poco esfuerzo rescatar la fuerza prima de fondo. La toma de conciencia acelera o refina la fuerza hasta convertirla en algo motivador y constructivo. Así somos capaces de sublimar un apego emocional a un estado de desprendimiento cálido de amor liberador que es mucho más que mera intención.

 Nuestra salud y bienestar, nuestra prosperidad y creatividad dependen enteramente de nuestras creencias, actitudes, y acciones.

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(fin de la serie “La alquimia nuestra de cada día”)

 

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