CONÓCETE XIV: El manejo de la energía personal

CONÓCETE XIV – EL MANEJO DE LA ENERGÍA PERSONALknow xiv

La vida trata sobre dar y recibir; pero en un contacto humano no se trata de cantidad, si no de calidad. En vez de intercambio comercial, el dar envuelve la transmisión de una calidad de Conciencia que es pocas veces apreciada o devuelta. Nuestro intercambio de amor y afecto ocurre en gran parte a nivel de beneficio material.

Necesitamos a otras personas para definirnos y sobrevivir. Sin embargo, como Conciencia somos seres únicos y necesitamos solo calidad de espacio y tiempo para vivenciar la realidad interior sin presiones ni influencias de otros. Si no equilibramos estas dos necesidades básicas, arriesgamos degenerarnos en un espécimen mecánico, totalmente desprovisto de energía física e inteligencia, y carente de autenticidad e inspiración. Infelizmente, no discriminamos entre la necesidad real y la necesidad fabricada, abriendo una zona de intercambio que defrauda la persona que no las distingue.

La fuente de energía personal más abundante y libremente usada, es la emocional. Aparece siempre combinada con elementos físicos y mentales. La naturaleza de la emoción es envolver a otros, circularla, y regresarla. Como élan vital es enteramente automática. Las emociones animan a las relaciones de todo tipo que marcan el curso de nuestras vidas y creatividad. Explican porque tantas personas no pueden estar solas, y porque tantos otros se aburren.

La vitalidad emerge de un ser humano, las emociones le prestan cualidad, y la mente le presta forma. Todo lo que un ser humano hace envuelve el uso de la vitalidad emocional. La calidad de la vitalidad que emitimos y manejamos nos imprime; como vivimos determina nuestra salud, vitalidad, y nuestras creaciones. Todos manipulamos energéticamente, y particularmente se exacerba con nuestras condiciones urbanas de sobrepoblación.

Las personas se drenan unas a otras en sus intercambios diarios sin observar lo que realmente ocurre. El dar y recibir común revela una realidad energética sorprendente. Aún bajo condiciones triviales normales, emitimos vitalidad física sin reemplazarla. Darle a los supuestamente necesitados se ha convertido en un pasatiempo global. Ahí donde se percibe la necesidad, independientemente de que sea genuina o manipulada, ésta pide ser respondida.

A menudo se equipara la espiritualidad con servicio u ofrecimiento. Se cree que la persona espiritual tiene cantidades ilimitadas de energía para dar caritativamente, sin que esta sea afectada por las vibraciones del ambiente. Puede que esto haya sido verdad en el pasado cuando las condiciones de vida eran tan diferentes, pero no es así hoy. El cuerpo material sufre tremendo estrés y presiones aunque sea bajo las circunstancias más ideales. Es la condición global de la época.

La mayoría de las personas no tienen conciencia de que vivir gasta energía continuamente y acarrea un gran precio, no importando lo que sea que hagamos. Esto se debe a que toda actividad requiere energía física. Estamos constantemente escuchando sermones sobre regímenes, comidas y prácticas saludables, pero nadie habla de nuestros intercambios diarios y la manera en que literalmente agotamos nuestra fuerza vital. Particularmente las personas espirituales tienen una responsabilidad tremenda en lo que concierne al uso de sus recursos. La energía fluye de mayor a menor frecuencia y forma circuitos. Pocos intercambios energéticos transcurren al mismo nivel. Nadie está exento del efecto boomerang. Ocurre a niveles atómicos normalmente imperceptibles. Cuando la proporción entre la cantidad y la calidad de la vitalidad que se emite es desigual a la cantidad y calidad recibida, aún sumando el elemento espiritual, se crea un desequilibrio.

El hecho de tener un propósito requiere una circulación energética en dónde la energía del emisor se modifica para combinarse con, estimular, o desafiar. Los pensamientos emocionales se encuentran y se combinan. Si la respuesta no viene rápidamente, a veces hay que explorar maneras alternativas una y otra vez. Las personas pasivas necesitadas que están en el juego de atraer atención son especialmente letales. El retorno energético puede catalizar diferentes cualidades desde la depresión o la sobre excitación, a la fatiga física, problemas digestivos y del sueño.

El miedo y la duda son los tipos de energía más densos y los que encontramos en más abundancia. Así también la complacencia y la auto-satisfacción. Penetrar esas paredes para alcanzar a alguien, o igualmente para evitarlos, consume una cantidad tremenda de vitalidad. La estagnación, la rutina, y el acomodamiento son condiciones comunes que corrompen la fusión energética. Aún el éxito y la comodidad excesiva pueden cerrar las puertas a la circulación dinámica, añadiendo dificultades innecesarias. El solitario, el criticón crónico, y la persona frustrada, amargada e iracunda está emitiendo toxinas constantemente para mantener su púa defensa. Aún quién se recluye socialmente ejerce una tremenda cantidad de fuerza de bajo nivel para sustentar su vigilia.

La popularidad revuelve alrededor de energías positivas que crean un problema diferente: evoca demanda y adulación. Las personas populares se dan regularmente la tarea de levantar a otros, a menudo tornándose superficiales en su esfuerzo por mantener el momento y recaudar la importancia que desean. Esta calidad puede ser intensificada por contacto físico, a veces creando dependencia y hábito en casamientos, parejas, y amistades de circuito cerrado. Las relaciones contractuales se crean así; uno vende y el otro compra entretenimiento continuo. Las mujeres tienden a hacerlo por medio de la atracción sexual y los hombres por medio de argumentos desafiadores y promesas.

Nos viciamos con lo que nos “gusta” y lo que nos “incita”, creando apetitos que apelan a nuestros sentidos inmediatos, en vez de desarrollar gustos y posibilidades nuevos y más refinados. Una persona que está acostumbrada a recibir la atención de grupos grandes no puede adaptarse fácilmente a la vida solitaria. Actores y actrices, cuando no están interpretando a un personaje, a menudo sufren de colapso energético que conduce al suicidio o al uso de substancias adictivas. En la ausencia de la respuesta energética de los otros, creamos nuestras realidades virtuales. Esto es evidente en la profusión de juegos de video y aparatos mecánicos. La personas ya no tienen mucho contacto directo, pero están mas que nunca atrincheradas en redes energéticas que traen significado o excitación artificial a sus mundos. Todo ello afecta la cualidad de los cuerpos físicos, mentes y emociones.

Cuando percibido clarividentemente, la red que define la interconexión del intercambio humano está estrechamente tejida, lo que hace la comunicación y la influencia entre seres humanos fácil. Por la misma razón, es igualmente difícil individuarse. Su substancia etérica está colorida por la frecuencia media del colectivo al cual adherimos, tal como nuestros gustos, hábitos, nuestra necesidad instintiva de ser parte de un grupo, ser apreciado, amado, incluido y reconocido, seguir lo que está de moda o es aceptable, y lo que es pervertido. Responde a la necesidad animal física natural de compartir calor, confort e incomodidad. Creemos encontrar abrigo ahí, pero explica nuestra obsesión por estar con otros y el miedo de estar solos. Su frecuencia se asemeja al torpor y a la apatía, muy diferentes en calidad a la resonancia deliberada y alto voltaje consciente.

Para evitar estar solo y sentirse “vacío”, las expediciones que se dirigen a pescar energías pueden durar indefinidamente. Esporádicamente caemos en periodos de inactividad en donde buscamos aislamiento y privacidad para recuperarnos de las pérdidas. Abastecidos por el espíritu mediante el sueño, la meditación o el descanso, regresamos al mundo de nuevo. Eventualmente, tal vez, despertamos a lo que son las causas del colapso cíclico.

La llave del manejo personal ecológico reside en estar consciente y envuelve la discriminación. La sensibilidad y el discernimiento, elementos primarios de la vida espiritual, requieren energía considerable, pero nuestras condiciones planetarias exigen desgaste físico de vitalidad e inteligencia. Si despertamos al llamado del espíritu, gradualmente salimos de la dinámica automática que dicta el mundo material. En ese momento confrontamos y domamos la ola gigantesca que normalmente nos empuja, y empezamos a moldear nuestra realidad.

Cuando trabajo con mis estudiantes, les doy ciertas disciplinas para seguir de modo que puedan observar y comprender las redes que crean y mantienen. Toma un tiempo antes de que puedan comprender la diferencia entre ser testigo y observar, y distinguirlo del cálculo mental y la evaluación. Invariablemente, en algún momento, se quejan de que es demasiado “pesado”. Les parece demasiada tarea. Esto conlleva a que digan que no tienen tiempo. En vez de cambiar de prioridades. Es tristemente gracioso. Una persona puede perder tiempo en búsquedas frívolas, en entretenimiento sin sentido, buscando significado y validación, excitando a otros emocionalmente y sexualmente para divertirse, pero no tiene tiempo o inclinación para observar y guiar sus facultades constructivamente. Es “aburrido” por la sencilla razón de que no trae gratificación personal o sensorial.

¿Puedes tener la torta y comértela al mismo tiempo?know xiv 2

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