Conócete XIII – Construyendo la paz

(última parte de la serie “Conócete X, XI, XII y XIII”)

 

Alex Grey

Alex Grey

REVISIÓN:

Si has acompañado esta serie, tal vez puede que aún no comprendas porqué se asocia a nuestra personalidad con una manifestación negativa como el vicio.  Claro que ninguno de nosotros somos abiertamente “envidiosos”, “codiciosos” o “lujuriosos”.  Somos demasiado bien educados y socialmente adaptados para reconocerlo.

He exagerado las características del comportamiento para enfocarme en los hábitos de la mente que utiliza atributos energéticos llave. En mi estudio, el propósito es comprender claramente como, por ejemplo, la ira contiene el potencial de liderato y la envidia la habilidad de percibir configuraciones a la distancia y medirlas, porque desarrollan y emplean facultades básicamente neutras.  ¿Es que una persona que demuestra liderato o evalúa fenómenos abstractamente tiene que ser iracundo o envidioso?  No.

Si hemos de adquirir dominio sobre nosotros mismos, necesitamos ser conscientes de cómo las formas-pensamiento actúan en nosotros y a nuestro alrededor.  Especialmente, necesitamos aprender como alterar su posibilidad en el momento en que las fuerzas emergen, sin perder el precioso impulso que producen.  La censura y la represión enfáticas no favorecen la evolución humana.

Debemos comprender que todo aprendizaje pasa por el proceso de densificación.  Esto es lo que define la tercera dimensión: la experiencia en la materia en dónde, por medio del detalle, la conciencia humana aprende, modela y maneja los elementos.  La personalidad es el instrumento llave y el motivador primario.  Cada uno aprende a manejar sus energías físicas, emocionales y mentales y lo hace de modo diferente conforme a ciertos patrones.

La combinación de elementos – agua, fuego, aire y tierra – sirve para activar una tendencia dominante en los atributos físicos, emocionales y mentales de la persona en diferentes proporciones y maneras.  El conjunto de la mente-emoción-cuerpo responde automáticamente, produciendo estilos espontáneos personales y culturales.  He optado por exponer este tema a través del modelo de los siete vicios como mezcla básica de fuerzas elementales.

El núcleo de cada combinación es neutral.  Si se convierte en vicio o en virtud depende de la experiencia y la conciencia del sujeto.  Originalmente es un impulso del alma hacia la virtud, pero al pasar por la experiencia física humana, adquiere todas las propiedades de fijación de la materia. Su redención pasa por el mismo proceso que el individuo, la sublimación o alquimia espiritual.  Esto focaliza la experiencia en la materia.  La concienciación es la luz que transmuta el vicio en virtud.  La transmutación nunca puede ocurrir “en ausencia”.  No hay llama violeta, intervención angélica o activación de chakras que lo produzca por sí solo. Nuestra experiencia es lo que altera la proporción de luz en la materia y esto empieza por nuestro propio cuerpo y nuestra propia personalidad.  Es esto lo que he estado enseñando durante décadas como la “alquimia interior”.  No se trata de los efectos, no importando cuan fascinante sea el vicio.  Se trata siempre del manejo de energía.

 

Pasemos ahora para los últimos tres tipos.

LUJURIA Y PUREZA

En la más alta gama de intensidad se encuentra la lujuria que varía desde una inclinación sexual leve a un impulso devorador.  La lujuria no es solo sexual; su apetito voraz es el de la libido que todo consume.

La libido se alimenta de urgencia furiosa y de violencia.  Su agresividad es parecida a la ira, pero en este caso otorga licencia total a vivir los placeres del cuerpo y de los sentidos, creyendo firmemente que el fin justifica los medios.  Siente que la vida le debe todo y que tiene derecho sobre todo lo que le apetezca. Como en el orgullo, la persona se equipara con Dios, justificando resolutamente la violación de la ley natural.

La lujuria proyecta un foco sustentado de voluntad personal que usará en todos los aspectos de la vida, no solo del cuerpo físico.  La lujuria transforma un ser humano en un instrumento de expresión bestial y de supervivencia, sin considerar las necesidades de otros o de su propia alma.

El cuerpo del individuo comprometido por la lujuria se cubre de una densidad muy baja que no siempre es visible.  Añora estímulos más pesados y más fuertes para sentirse vivo.  La intensidad de la violencia entumece el sistema nervioso y la mente, y los lleva a destrozarse y violar la vida por el mero “placer” de destruir.

La víctima de la lujuria nunca se recupera de su adicción a la intensidad.  En vez, la canaliza a propósitos mayores.  Conoce todo lo relacionado al poder de la voluntad y como tal está capacitada para conseguir hacer las cosas y movilizar el ambiente para alcanzar resultados loables.

Habituado a vivir fuera de la ley en la mayoría de los casos, lo más extraordinario de este tipo es su habilidad para distinguir lo que es justicia divina y la no-dualidad.  Un líder excelente en donde usar la fuerza si es necesario, se destaca por su gran tolerancia y manejo de intensidades de resistencia y supervivencia, con un alcance profundo y firme.

LA GULA Y EL JÚBILO

Podríamos creer que esta compulsión solo afecta al individuo.  La glotonería cultiva el auto-placer hasta los límites de la resistencia, bloqueando toda otra forma de comunicación humana.  Se sobrepone en cada uno de los tres cuerpos (físico, emocional y mental), drenando la vitalidad y el flujo de vida.  Para mantener su adicción al placer junto con la sensación y la emoción de excitación y plenitud que produce la actividad escogida, esta persona desarrolla la habilidad para permanecer fija en su objetivo.

El glotón genuino no es el obeso típico (que usualmente corresponde a las características del próximo tipo).  Para satisfacer su apetito repetidamente, el glotón continuamente estimula el estado de hambre-deseo como excitación y variedad.  Simultáneamente, evoca una forma de saciedad sustentada y repetida.  Desarrolla un tipo de músculo que le permite prolongar tanto el hambre-deseo como la saciedad y transferirlo a cualquier situación. Sadistas y masoquistas a menudo poseen este tipo de configuración energética.  La gula no es solo por comida si no que por excitación.  Los glotones suelen entretener y ser la atracción social. Mantienen la sensibilidad y la percepción al máximo.  Su aura es a menudo grisácea y blanquecina opaca mientras que el exterior florece con todo tipo de realización artística y gusto refinado.

Debemos observar hasta qué límite una persona que ha estado sujeta a los apetitos de la glotonería puede responder a personas y cosas con entusiasmo y aprecio.  Este tipo sabe como provocar una celebración y tiene una gran capacidad de juego, entretenimiento y versatilidad.

Una persona glotona cuando evoluciona es un maestro en la generación y la multiplicación de energías, creando abundancia y lujo en los entornos que llega a amar, profundamente consciente de lo que es la selección y la calidad.  Es apto para las circunstancias en donde se requiere tacto y variedad, tal como la diplomacia y el arte.

LA PEREZA Y LA PAZ

Cuando una persona está sujeta a la ilusión tejida por la forma-pensamiento de la pereza no puede ver, interesarse o pensar de nada más que la cesación de toda vida.  Todo se vuelve más lento.  En los casos extremos, se apagan todas las facultades y poderes, inclusive la voz de la conciencia.  Busca el nivel más bajo de densidad, como la inercia, para cubrir su violencia introvertida y su rabia hasta alcanzar el sopor. Se puede parecer a las etapas más profundas del alcoholismo.

Gradualmente reprime la vitalidad, resultando en varios estados de inmovilidad y falta de respuesta.  El perezoso conserva sus energías para un futuro imaginario en donde “podría” necesitarlas.  A través de su no envolvimiento, el impulso emocional hacia la expansión y la expresividad se ven anulados.  Suele dejar que se atrofien las facultades mentales.

La persona perezosa está llena de contradicciones.  Puede aparecer perezosa o lenta, cuando en realidad está en movimiento perpetuo con una gran variedad de actividades que parecen cancelarse mutuamente.  Esta persona parece nunca terminar un proyecto aunque completa varios simultáneamente.  No es tan exuberante como sus hermanos orgullosos, lujuriosos e iracundos lo son, pero casi siempre es distinguida.

A veces el comportamiento de tal persona bordea la morbidez y la brutalidad, apareciendo faltar el respeto a todos y a todo y sin embargo se queda callado, permaneciendo fiel a la verdad y nunca se rinde.  Algunas personas perezosas no hacen su parte del trabajo, creando un desequilibrio parecido al codicioso.  En apariencia, indirectamente obligan a otros a suplir su parte.  Cuando miramos de cerca, es precisamente esta persona, con su habilidad para ser invisible y sustentar grandes cargas de energía la que al fin de cuentas hace el trabajo de todos.

Este tipo no rechaza las cosas y las personas como hacen los otros.  Su rechazo es de otro tipo.  En vez de resguardarse de la vida, la persona perezosa la absorbe pasivamente dentro suyo hasta apagarla.  Su control sobre las funciones corporales, tanto como las emocionales y el estímulo mental es grande, persistiendo por medio de la fórmula gandhiana de no-resistencia.  Nunca pierde esa característica.  Cuando la persona perezosa se ilumina, el mundo entero se encuentra dentro suyo.

Este tipo sabe como contener, sustentar y abrazar toda situación que cualquier otro encontraría imposible.  Sabe como fundirse con otra persona y esperar.  Sabe como difundir y mezclar cuando necesario y puede ver de manera global, más allá de la dualidad y las dicotomías.  Es valiosísimo en su objetividad y su gracia calmando personas y situaciones, con imparcialidad, elegancia y serenidad.

CONCLUSIÓN

Todo en la creación obedece a una jerarquía en la escala de regreso al Amor por medio de una experiencia directa del manejo de la energía y la fuerza.  En la gama más alta de experiencia se encuentra la necesaria para construir la paz, dominio que exhibe la destreza de reunir fuerzas sin que cualquiera de sus partes pierda su identidad.  La paz requiere un esfuerzo y un poder de sustentación tremendos.

El mal existe en la mente del creador y no aparece fuera del campo energético de los seres humanos.  En cada caso de re-calibración de la oscuridad hacia la luz, el propósito es aprender a usar la inteligencia de la luz, conjuntamente con el manejo de fuerza elemental sin condenar la negatividad.  La condena y la represión sólo evitan el proceso de aprendizaje y auto-dominio que lleva una persona a aprovechar su “don”.  El potencial envuelto en una expresión energética deberá identificarse y sus partes constituyentes deberán ser reconstruidas acorde a su naturaleza mas excelsa. Un Maestro conoce esto y trabaja con los ritmos envueltos en los elementos básicos en vez de trabajar con los significados.

Construir la paz ya es bastante difícil para las personas que se han entrenado, por medio de la pereza por ejemplo, en aguantar y persistir.  Sustentar la paz es excepcionalmente difícil para los tipos intensos impulsivos.  Es casi imposible permanecer fiel a sí mismo cuando nos hemos definido por la permanente actividad y lo que nos gusta y nos disgusta.

Sin embargo, todos los tipos llegan en algún momento u otro a un espacio en donde contribuyen activamente para la paz, para la humanidad, para la virtud como tal.  Alcanzan este estado habiendo conocido todo lo que NO ES virtud y extraído la esencia iridiscente propia de la arena y de la piedra, como en el caso de la perla, por EXPERIENCIA directa y consciente de sus debilidades y facultades inherentemente humanas.  La persona que llega a ser dueña de si misma y rescata el poder en el cual estaba inmersa en la inconsciencia colectiva, es verdaderamente heroica.  Estos son los verdaderos maestros, iniciadores, portales para el futuro y los constructores de la paz para siempre.

 

Esta entrada concluye la serie en cuatro partes “Conócete X-XIII” que ha examinado las formas-pensamiento que componen la personalidad común, sus partes oscuras y luminosas y la actividad incesante de la vida en la materia.  La enseñanza que inspiró esta serie, como mi libro “La Quintaesencia”, se origina con la enseñanza del maestro chipriota místico de esoterismo cristiano, Daskalos, con quién estudié durante varios años.  En uno de mis últimos encuentros con él, bendijo esta versión del trabajo diciéndome que ayudaría a muchas personas.  Espero que así sea.

 

 

 

 

 

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