Conócete XII – De la oscuridad a la Luz

 

Law-of-Attraction-Quantum-Mind-Power

Se dice que cada acto virtuoso se inspira en un oscuro secreto. El bien que hacemos arrastra detrás de sí una sombra de motivación oscura.  Cuando toda la secuencia de culpabilidad y vergüenza que sentimos por lo malo que hemos hecho pasa, es el bien que hicimos lo que nos rescata.  En ese momento los secretos que hemos guardado y los motivos que ocultamos salen de las sombras para ser corregidos en nosotros mismos.

Las formas-pensamiento condicionan la personalidad de manera indirecta, lo que siempre acarrea sufrimiento y abuso.  En muchos casos la adicción y la intensidad son tal, que solo llevándolo al extremo podremos eventualmente tener algo de respiro.  La terapia y los químicos apenas alivian la oscuridad que nubla con peso y desesperanza la mente consciente del individuo. Cada paso hacia delante trae un recuerdo de lo perdido y falta la visión para saltar hacia algo constructivo.  Sin poder controlarse, la persona muchas veces escoge el aislamiento, la indulgencia secreta, o el suicidio como el único acto virtuoso a su alcance. Todos sabemos como eso se siente.

De la misma manera que pudimos ultrapasar el miedo y un sentido paranoico de soledad hacia el coraje del corazón, del mismo modo que comprendemos la ruta del engaño a ejemplos inspiradores de honestidad y dedicación, ahora confrontamos el impulso bruto de perfeccionismo frustrado y rabioso que subyace el liderato.  El salto de la oscuridad a la luz ocurre como un cambio de dirección del apego a consideraciones físicas materialistas hacia el descubrimiento de murmullos suaves en el ser más profundo interior.  Solo el ejemplo humano puede inducir este salto cuántico que lleva desde el punto más bajo del espectro a los voltajes más elevados de fuerzas neutras.

LA IRA Y EL LIDERATO

Todos reconocemos la ira en nosotros mismos, aunque no la expresemos abiertamente.  Varía desde la irritación leve a la furia que hierve.

La experiencia de ofensa personal provoca un impulso de supervivencia que nos asemeja al animal.  Una persona rabiosa encuentra fallas en todas partes.  Mientras que un animal no piensa complejamente en términos de venganza, un ser humano sí.  La tamaña maquinación furiosa que pasa por la mente de una persona promedio, actúe sobre ella, se dirija a alguna parte específica, o no, es suficiente para lanzar una rociada ponzoñosa de efectos negativos.  Sus ondas colorean atmósferas, objetos materiales, la ropa y la comida por igual, incrustándose a cuerpos y auras que vibran vida.

La ira irrumpe instantáneamente, infestando la sangre y el sistema nervioso, las vísceras y el rostro, las manos y la boca.  Degrada la armonía del cuerpo y sobrecarga los sentimientos, entumeciendo las facultades de sentimiento-percepción.  Esto exacerba el sentido de culpabilidad latente en dónde se originó la ira en el primer lugar.

La ira es adictiva y se extiende dentro de la práctica espiritual.  La mente agarra este complejo de intensidades y procura darle un contexto, excusando y fijando adicionalmente más puntos de mira.  Si no reconocemos la ira por el instinto primario que es, la mente desarrolla una forma de resentimiento, justificación y auto-castigo.  Eventualmente el cuerpo no responde a sutilezas delicadas y depende de modos más groseros de estímulo y reacción.  Es así como la persona se enrosca en mecanismos-gatillo automáticos que no tienen piedad ni de la víctima ni del autor.

La recalibración de cualquier forma-pensamiento negativa de la personalidad requiere un manejo inteligente de fuerza por medio de facultades y comprensión entrenadas.  (véase “Conócete II”)  Esto podrá ser acompañado con prácticas de respiración que cambian el ritmo vibratorio del cuerpo y ablandan el control de justificativas que se tienen sobre formas-pensamiento negativas.

De la misma forma que el miedo conduce al coraje y el engaño a la verdad, la ira es una manifestación clara del liderato que ha sido mal encaminado.  Una persona que se inclina a la ira está acostumbrada a manejar fuerzas poderosas.  Cuando se concientiza de los mecanismos-gatillo y logra atravesar la ruta alternativa más allá de la culpa, él o ella estará bien posicionado  en su camino hacía el auto-dominio.  Esto sugiere un manejo de todo tipo de voltajes.

Reconocer la ira, aunque sea sus ramificaciones leves en nosotros mismos, es un requisito extremadamente importante para el servicio compasivo.  Una persona que ha suprimido o negado la irrupción de ira que siente automáticamente en el interior, no puede ser un buen líder.  Se convierte en un instrumento de creencia, hábito y determinaciones de los otros.  Un autómata perfecto de lo que “debería” ser.  Este individuo no tendrá la fuerza de carácter necesaria para soportar influencias externas o proyectar sus valores en la vida.  Es más, tal persona no sabe como mantenerse íntegra.  No ha aprendido “resistencia” como el poder que construye virtud.

Nuestros lideres hoy, son en parte, personas iracundas que han aprendido a manejar su ira (“anger-management”), a tener paciencia y sustentación.  Han aprendido a canalizar su impulso hacia propósitos cívicos y a moderarlo con compasión.

Ya es difícil para una persona iracunda ser compasiva consigo misma, pero es precisamente esta característica que conduce a tal persona a ser un líder de éxito, ofreciéndose como  ejemplo.  El o ella se convierte en un maestro, tan exigente como misericordioso. Así como la persona iracunda conocía la imperfección, la versión espiritualizada de sí mismo tiene un sentido muy claro de la perfección y del orden.

La ira surgió de mecanismos primitivos orgánicos de defensa- ataque.  La fuerza que genera es una fuerza muy poderosa, una que usa la medicina taoísta para quebrar la apatía.  Impulsa a todos los que la rodean, imparte fuerza de comando a una situación o altera un ambiente para el bien, inyectando el fuego de vitalidad.

LA ENVIDIA Y LA ECUANIMIDAD

La envidia es mucho más común de lo que suponemos, a menudo es disfrazada de un pensamiento-deseo inofensivo.  Una persona envidiosa no necesariamente tiene la intención de privar a otra persona de lo que es correctamente suyo, pero de alguna manera lo contamina con sus pensamientos y sentimientos de deseo de robar y poseer.  Las personas sensibles lo sienten.  Su invisible efecto en niños es corrosivo.

La persona envidiosa siempre ve la hierba más verde en el jardín del vecino.  Codiciar lo que otro tiene implica una no-aceptación de lo que se tiene.  El deseo aparentemente inofensivo genera una cadena de quejas enfermizas y un rechazo de la belleza y perfección en la vida comunal, como el derecho a la privacidad y a la propiedad.  La envidia inyecta una no-apreciación de la distribución justa y de la igualdad de diferencias.  Cuando codiciamos el pan de cada día de otro, se contamina la masa de todos.

Podemos argumentar que no es tan malo como todo eso, pero la envidia cultiva una intensidad auto-torturadora emocional como una forma de placer distorsionado, infligiendo toxicidad progresiva sobre el cuerpo directamente, acumulándose en los intestinos y alrededor de los ojos y del corazón.  Su hipersensibilidad a menudo degenera en dolor físico muscular.  La falta de gratitud y respeto junto con la tortuosidad y mala voluntad, tornan el ambiente insostenible para cualquiera con una módica sensibilidad.

Una persona envidiosa tiene experiencia en comparar y evaluar condiciones.  La misma forma de pensar que alimentó su adición es el talento que lo apartará de ella: una habilidad de proyectar pensamientos a la distancia, inclusive visualizar un objeto deseado claramente cuando sea necesario, para bendecir y sanar.  Cuando ha evolucionado, tal individuo exhibe buena memoria para eventos del pasado y para el detalle, preservando e imprimiendo por medio de la palabra y del acto.  Habiendo aprendido a manejar su propia montaña rusa emocional, su versión espiritualizada lo lleva a desarrollar una ecuanimidad casi sobrehumana.

EL ORGULLO Y LA HUMILDAD

De todas las tendencias negativas esta es la más difícil de detectar, particularmente porque a todos nos inculcan a estar orgullosos de nosotros mismos, de nuestra religión y de nuestro país.  Cuando los niños crecen en tal ambiente, muchos se convierten en fanáticos, ejemplos egoístas de auto-piedad que es igualmente destructiva en el oriente, en el occidente, en África como en la humanidad del medio-oriente.

Podríamos decir que el orgullo surge de la inseguridad, pero esto no siempre es así.  Existe una cierta malicia y superioridad a su alrededor que, en la biblia, lo califica como el peor de los pecados.

El filtro perceptivo del orgullo es su necesidad de auto-gratificación, inflando su imagen para atraer todo hacia sí mismo.  Se ofende y toma las cosas personalmente con facilidad.  Lo que la codicia hace con objetos, la persona orgullosa hace con todo lo que pueda reflejar su auto-imagen.  Aprende a manipular descaradamente, velando y eventualmente damnificando su percepción de los hechos y la habilidad de su inteligencia racional.

Una persona con tendencia al orgullo no confía en nadie, ni en Dios.  Declaraciones de poder imaginario y de inteligencia superior nos recuerdan el proceso mental de los ángeles caídos cuando se apartaron de la hermandad divina. El orgullo exige reconocimiento y endurece el corazón.

Del mismo modo, una persona orgullosa que abraza la Conciencia se vuelve generosa.  Sabe como manejar grandes cantidades de energías calificadoras.  Desarrolló la habilidad de expandirse en un ambiente y ahora lo usa para dar de sí mismo.  Conoce personalmente como funcionan los halagos y así es receptiva para reconocer las necesidades genuinas en otro.  Junto con el espíritu de grandeza, el que fue orgulloso sabe como movilizarse a sí e inspirar a otros, distinguiendo claramente los sub-tonos emocionales en dónde otro no se daría cuenta.

CODICIA Y FE

Cuando abarcamos más de lo necesario, rompemos la armonía sutil o el equilibrio de la naturaleza que distribuye libremente.  Lo que acaparamos no regresa al flujo natural, privando a otros de su parte.  Las fuerzas elementales de la codicia pueden distorsionar la percepción a tal grado que el sujeto solo ve sus necesidades.  Sospecha de cualquiera que se le acerque.  El mundo de la codicia es literalmente un infierno en donde todos parecen querer tomar ventaja.

El principio universal nos pide compartir lo que tenemos con otros.  El avaro rechaza el creador por sus creaciones.  La idea de poseer es obsesiva y lo aparta más y más de la realidad.  El proceso mental causa una contracción en el cuerpo y en las emociones, privando el cuerpo de vitalidad y de sus fluidos psíquicos naturales.

La codicia implica la habilidad de atraer y apreciar creaciones.  La persona que toma conciencia de su distorsión, vuelca totalmente su atención a mantener altos niveles de concienciación y armonía.  Sabe como sostener frecuencias, cualidades y características que componen amistades verdaderas y leales.

Tales personas se convierten en buenos administradores, habiendo vivido personalmente la ley de oferta y demanda.  Saben lo que es el valor de compartir, calcular y medir correctamente todo lo relacionado a cualidades materiales como divinas.

 

Continuación de “Conócete X, XI”.  “Conócete XII” fue publicado originalmente 5 agosto 2013.

El capítulo final (cuarta parte) de esta secuencia sobre el manejo de energías elementales por la personalidad es “Conócete XIII”.

2 thoughts on “Conócete XII – De la oscuridad a la Luz

  1. Pingback: KNOW THYSELF XII | The Inner Woman

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscribirme a La Mujer Interior

Mantente informado de las novedades del blog por email