Conócete XI – Recalibración

     

por Carmela Tal Baron

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Los elementos fuego, agua, tierra y aire constituyen la substancia de vida.  Crean diferentes cualidades de movimiento que actúan como Inteligencia en la materia.  Como un imperativo, las formas de vida responden a ellos.  Nuestra Conciencia, como fuente, siempre ha sido y será libre, pero nuestros cuerpos están construidos de los elementos.  Este complejo ofrece un mapa de ruta para la creación como evolución y expansión de la Conciencia al facilitarnos experiencia.  Todo en la Creación tiene que ver con la experiencia.

Sea por opción o por accidente, nacemos dentro de una configuración de elementos.  Lo que importa no es la configuración si no el beneficio que derivamos de ello, al aprender a manejar el poder de la voluntad.  Nos ofrece lecciones en el manejo y creación de siete tipos predominantes de actuación.

Como Conciencia, nos vestimos de cada tipo y predisposición; nuestro libre albedrío hace el resto.  Esencialmente no hay culpa ni reproche ya que, eventualmente si no inmediatamente, somos nuestros propios hacedores.  Todo, desde el momento que salimos de la Unidad hasta el momento de regreso, es un baile que define nuestra distinción y el proceso de individuación.

Cada una de las siete combinaciones de elementos tiene el poder de formular substancia y dirigir una personalidad específica.  Son fuerzas naturales de la Creación, todas partiendo del ingrediente cohesivo singular del universo: el Amor.  De la misma manera que tienen el poder para construir bajo el mandato de la Unidad, también tienen el poder de generar negatividad bajo el ego.  En esta última modalidad se conocen como los Siete Pecados Capitales.

El comportamiento humano no se trata de la psicología si no que del manejo de fuerza y el equilibrio.  La espiritualidad tiene que ver con aprender la neutralización, la sustentación del equilibrio y la comprensión de la ley de retorno energético.

Las energías difieren solo en el ritmo vibratorio.  Energías elementales que componen el egoísmo de la personalidad bajo una voluntad altamente personalizada, refuerzan los propósitos separatistas, competitivos y egoístas del ego.  Si la Conciencia rescata el egoísmo, el proceso de re-cualificación a seguir refina la naturaleza de lo creado. Para que esto ocurra tenemos que hacer una clara distinción entre los pensamientos que acompañan la fuerza elemental y las fuerzas propiamente.  Tenemos que identificar el Yo como inteligencia que dirige.

Nuestras pequeñas formas-pensamiento comunes, automáticas y negativas, encajan dentro de un cuerpo resonante de formaciones colectivas terribles y siniestras que corresponden a los instintos y deseos más bajos de la humanidad.  Devuelven una marca específica de egoísmo basado en una o en una combinación de fuerza elemental mal-cualificada.

Junto con el placer sensorial y sentimiento de especialidad, estas transgresiones promueven sufrimiento en vez de esparcir alegría e inyectan decadencia y corrupción en vez de multiplicar la vida y la conciencia.  Mancillan la belleza de la vida, la santidad, la apertura, la abundancia y el amor, mientras le otorgan al individuo un sentido de poder y pertenencia que lo ata más profundamente a la densidad y al aislamiento.  Consumen grandes cantidades de energía.  En la ira como en la lujuria, niveles proporcionales de inercia bruta compensan la energía disipada en arranques de participación casi estática.

Vórtices de pensamientos colectivos del sub-consciente cargados de presión emocional abundan en todo lugar público y rodean un número creciente de personas comunes.  Cualquier asalto intenso a los sentidos crea una apertura en el aura por la cual pueden entrar y oscurecer el proceso del pensamiento.  Estamos continuamente sujetos a estímulos ambientales masivos que debilitan gradualmente nuestra defensa natural.

Una gran parte de la humanidad está claramente condicionada por formas-pensamiento que consiguen poseer parte o la totalidad del cuerpo y de la personalidad, desconectándola del acceso directo a la Fuente.  Definimos una forma-pensamiento negativa por el grado de obsesión, adicción y pérdida de control experimentado por el sujeto.

FUNDAMENTOS Y COLUMNASdarkness

En la base del edificio del egoísmo de la personalidad hay dos piedras fundamentales:  el miedo y el engaño.  En la cúspide de todo éxito humano existen, de forma semejante, dos columnas: la Fe y la Verdad.  Ilustran dos patrones distintos de percepción y comportamiento, gestados en ambientes que los desarrollan.

El miedo ocurre cuando el individuo está enteramente identificado con el cuerpo, la materia y alguna pérdida implícita. Tiene muy poca conciencia del Yo.  Una persona temerosa, por la razón que sea, sigue ciegamente a personas, reglas y reglamentos para sentirse “segura”.  Su percepción se define por fluctuaciones emocionales y una activa imaginación.

En su forma cruda, el miedo construye tanto una imagen severamente inflada de uno mismo, como una imagen desinflada en extremo, defensiva o acusadora.  Personas miedosas son agudamente sensitivas e indirectas, siempre preparándose para lo peor y proyectando peligro.  Su sistema nervioso es susceptible a las menores alteraciones.  Por otro lado, el miedo los anestesia con precauciones innecesariamente complejas.

Cuando una persona de este tipo se vuelve consciente del “mecanismo” del miedo, es capaz de construir sobre su fe fundacional.  Aprende discernimiento y discriminación.  Cultiva cualidades de belleza, calidez y afecto basados en una sensibilidad profunda.  Su experiencia conoce la fragilidad humana y por lo tanto la honra, tornándose hondamente compasivo, observador cuidadoso y tolerante. En la base encontramos el coraje como una actitud de victoria espiritual que le permite manifestar la convicción del corazón.

El “engaño” esconde.  Su comportamiento irrumpe de un sentido de auto-insuficiencia.  Su percepción se limita a explotar oportunidades.  Obsesionado por la ejecución, desarrolla una habilidad remarcable para fingir.  Compulsivamente competitivo, busca éxito y prestigio en cualquier nivel social que se encuentre.  A diferencia de la persona miedosa, no siente las emociones con facilidad  y lo compensa con una mente multitarea, que puede mentir y ser tan descuidado como la persona temerosa es cuidadosa.

Al ser multifacética, la persona espiritual de este tipo desarrolla gran competencia y confianza.  Ya sabe como generar entusiasmo e inspiración, flexibilidad y ahora, honestidad.  Conoce el precio de la verdad, la esperanza y el aprecio.

Sobre estas bases, o erguida sobre el ápice de las dos columnas, encontraremos todas las cualificaciones de la expresión humana.  Sean miedo o engaño, o inversamente coraje y verdad, son las piedras angulares de cada vicio y virtud en el diccionario humano.  Hacen parte y parcela de la experiencia humana como personalidad.

En detrimento de los otros dos y de un equilibrio necesario para el progreso espiritual, las características de comportamiento se inclinan más hacia un atributo, ya sea físico, emocional o mental, exhibidos por los elementos.  Los tipos más físicos tienden a abusar del sistema nervioso mediante una sobre-estimulación de los sentidos.  Los más emocionales son incapaces de disciplinarse lo suficiente para armonizar los sentimientos que los acechan y que crean estragos en los ventrículos tiernos del corazón y de las vísceras.  Los mentales se confunden continuamente con duda, sobre-excitando las facultades mentales, lastimándose más.

En un mundo mejor todos tendremos conciencia de nuestras tendencias personales a la negatividad dentro del estilo que nos caracteriza.  A su vez, sabremos como extraer lo mejor de nosotros mismos, dada nuestra experiencia en el manejo de las fuerzas bajo nuestro comando.  De la misma manera, fomentaremos lo mejor que hay en los unos y los otros sin castigo o culpabilidad.  Comprenderemos más allá de toda duda que nuestra propia experiencia de la trampa en que caímos ya fue suficiente sufrimiento.

 

Continuación de “Conócete X”.  Original publicado 23 julio 2013

 

 

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