Conócete V – Conciencia

CONCIENCIAAmareesh 1

El tremendo poder de la Conciencia se encuentra encapsulado en una pequeña palabra de dos letras: “y-o”.

“Yo” no solo apunta hacia el sujeto, también comanda una especie de perspectiva singular que se extiende tanto hacia fuera como hacia el interior simultáneamente.

“Yo” define una distribución energética que sustenta poder en nuestro propio centro, pero cuando la dirigimos ilumina e inyecta vida a nuestro propósito.

Al leer este texto, detente un momento para sentir.

Abre tu sensibilidad.  Toma conciencia de cómo esta palabra “yo” afecta la distribución energética en tu cuerpo y también tu foco.

La palabra “yo” dirige tu atención para recoger tus fuerzas; te coloca en tu centro de percepción.  De un modo muy directo aunque invisible, la periferia se vuelve dependiente de ti como núcleo. Tu actividad e interpretación dependen de ti como un “yo”.  Entras en una especie de visión de embudo en dónde las cosas adquieren su lugar por el solo hecho de repetir la palabra.

Esta palabra también trae claridad a las condiciones que puedas vivir:  Yo soy “feliz”, yo soy “infeliz”, yo siento “frío” o “calor”… ¡Es tremendamente poderosa!  Sea lo que sea que le sigue, la palabra lo condiciona a su terreno, acumulando más calificativos a nuestra identidad y expandiendo las configuraciones originales.

Ahora, si miras hacia dentro…hacia ti mismo como sujeto desprovisto de una calificación, descubres que el “yo” es insubstancial.  Por sí solo parece inerte y te obliga a revertir de dirección, trayéndote de vuelta hacia el interior del Ser (el YO).  De esta forma el “yo” ahora se extiende más allá del tiempo presente o de la identidad.

Como todo niño que aprende a andar, cuando primero usaste la palabra “yo” como un sustituto para tu nombre, sin querer te vinculaste con esta fuerza primordial y te sentiste poderoso(a).  No lo sabías y a veces no reconoces nunca que has descubierto el foco y la fuerza que comanda y crea.

Toma conciencia de la sensación que sientes cuando este “yo” apunta hace adentro de ti. Repite y siente lo que estás diciendo una y otra vez:  “yo”, “yo”, “yo”… No hay ningún problema que solucionar o significado oculto.  Es una experiencia pura, sencilla y directa de cuerpo y mente, realidad interna y externa.

“Yo” define la capacidad que tenemos para tener una experiencia, pero en realidad no tiene contexto alguno.  En nuestro mundo común, percibe formas infinitas, así como lo sin-forma y las posibilidades.  De este modo internamente, más allá del tiempo o del espacio, abrazando todos los “yos” que has vivido ahora y siempre, “yo” entreteje en un campo de fuerzas energéticas en constante movimiento.

Siéntelo.  Es esto lo que los filósofos y metafísicos llaman la Mente, un océano de potencialidad.

(Permítete sentirlo…)

“Yo” es un punto de Conciencia. Ocurre un salto entre nuestro uso normal de la inteligencia en un escenario lineal y la habilidad perceptiva de la Inteligencia no-definida.  “Yo” es puro, libre, vasto.  En este momento es un pensamiento en el campo de la Mente, y también el proceso de pensamiento que definimos como “mente”.

“Yo” surge de la Mente sin jamás haberla abandonado.  “Yo” es la fuerza que se colapsa en un pensamiento que nos define como somos y seremos en el vientre de infinitas posibilidades.  Somos capaces de contactarlo sólo con que lo intentemos.

Mientras la Mente Es, siempre ha sido y siempre será, tú como un “yo” determinas el tipo de mentalidad o persona en la que te conviertes.  La única diferencia entre otro y tú es la historia de asociaciones, las que te han sido legadas por la familia y la cultura y las que engendras por medio de experiencias repetidas en la forma.

Toma por ejemplo el verbo “ser”.  Cuando lo vinculamos a esta fuerza mágica, “yo”, el verbo le da peso, sustancia y textura.  Cuando tu dices “Yo soy”, reivindicas tu condición en ese momento.   Toma nota de la incomodidad que sientes cuando le añades “no”; en verdad no hay posibilidad de opuesto.  “Yo soy” es sólido.  El “soy” sella el “yo” en un compuesto íntegro de poder, voluntad y sustancia.  Su experiencia define lo que siempre has sido y siempre serás…desprovisto de calificación, como Presencia eterna.

(Verifícalo ahora… “Yo…Soy”, “Yo Soy…”)

El “yo” que Yo Soy en su larga trayectoria de experiencias y además en el escenario en que se encuentra, define el curso de nuestra vida.  Juntos hacemos historia.  Juntos imaginamos, cuando proyectamos posibilidades constantemente y las sostenemos en nuestro poder dándoles vida transitoriamente.

Todo está tejido en la espaciosidad de la Conciencia en dónde el “YO” surge una y otra vez como una eterna Presencia sin calificación.

Cuando el “yo” en su impulso direccional internalizado se vuelve consciente de sí mismo dentro de un campo mayor, contacta su YO en reinos dimensionales más allá del alcance de la conciencia física humana.

El pensamiento ocurre muy separado de la esencia del “YO”, por lo cual es posible observarlo.

Estar consciente del “yo” es regresar a la Fuente, a la propia Conciencia.

“YO” es la experiencia más íntima de la Vida.

Repítete el Nombre más mágico de todos, “Yo Soy” (I AM) y descubre el estado de Saber.

La experiencia sublime de la Mente nos revela a nosotros mismos como siendo la facultad de pura Inteligencia que cede a mayores campos de espaciosidad.  Aquí, la experiencia del YO es un punto de percepción dentro de un océano ilimitado de transformación: la Iluminación.

¡Sé!

Nota:  El “yo” es siempre el mismo que el YO, con la diferencia que el primero se identifica con una forma (nuestra historia) y el segundo es Toda-Posibilidad.

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