APEGO

LOS HILOS INVISIBLES CREAN LOS VINCULOS MÁS FUERTES. Friedrich Nietzsche

APEGO

En toda la creación, las formas se conectan a través de filamentos vitales que emanan de una fuente, sea el Creador, el hombre, los animales, insectos y plantas, la tierra o el sistema solar. Tal es el cordón de plata que une nuestro cuerpo con el alma; el ADN que transmite la historia de nuestros ancestros y encapsula nuestra predisposición física; el cordón umbilical que alimenta al retoño. Igualmente nuestro mundo está conectado a nosotros por ser una manifestación de nuestras energías personales. Estamos destinados a vivir vinculados a formas de vida y a las consecuencias de nuestros actos. Conectados, no “apegados”. El apego no es parte de la Ley; es una condición artificial, creada por el mal uso de la voluntad y el deseo humanos.

Hablemos del mundo personal inmediato y veamos el apego por lo que es: un hábito mental que usa la energía del pensamiento para fortalecer lazos con otra forma de vida. Una costumbre que explota las emociones, creando poderosas formas de pensamiento que vinculan las partes sensorialmente. Puede ser visto como una apropiación cuyo propósito es controlar y evocar continuidad, utilidad, y comodidad. Se disfraza de razones nobles para sustentarse en la ilusión que construimos los seres humanos a cambio de un aporte, exigiendo derecho de propiedad como recompensa por abrirnos a nuestros sentimientos.

La personalidad es un complejo de reacciones físicas y emocionales que adoptamos según la predilección y no necesariamente nuestra sensibilidad. Es usual que las preferencias se conviertan en apegos. Sin embargo, “trabajarse” espiritualmente responde a una creciente sensibilización; exige un distanciamiento que no refleja enojo o molestia, si no una necesidad imperiosa de participar de la vida más allá de lo particular, incluyéndolo todo. Responde a un llamado a la concienciación.

 

Proceso de creación de los apegos

La identidad habitual depende de las respuestas que nos dan los sentidos físicos que desconocen el lenguaje del silencio, o el afecto sutil espontáneo. Es algo tosca. Todo parece tener causa y propósito material. Para concienciarnos, hemos de adquirir control sobre el automatismo que caracteriza la mente lineal y las emociones groseras, el que detona los sentidos en la vida diaria, estimulando la materia, y atándonos a ella. Hemos de aprender a valorar la intuición y captar las sutilezas trascendentes.

Cuando tomamos conciencia de estos mecanismos destructivos que nos arrinconan, intentamos arreglarlos, pero la intención no es suficiente. Ni tampoco ir a los extremos de abstinencia o substitución. Caemos en los mismos patrones una y otra vez cambiando un apego por otro, “redecorando” lo que hay. Por otro lado, la auto-corrección exige de un trabajo sobre nuestra propia energía en varios niveles, una concienciación y re-manejo total que no todos están dispuestos a hacer. Ser “consciente” es clave. Cambiar un hábito sugiere la incomodidad y el dolor o sufrimiento inevitable.

Los vínculos humanos son substanciales. Se componen de la materia de nuestros cuerpos y por eso son tan fuertes. Los creamos con nuestra propia energía física, emocional y mental. Según construimos formas de pensamiento que tienen peso, densidad, viscosidad, y aumentan por repetición, como en el caso de los “elementales” (véanse diversos artículos sobre este tema: http://www.lamujerinterior.es/elementales-parte-i/ y también http://www.lamujerinterior.es/elementales-ii-el-error-la-obsesion-y-la-posesion/).

Igualmente a nivel de la personalidad creamos extensiones vitales que transmiten y perpetúan sensaciones, emociones y pensamientos. Para un vidente o alguien sensible, estas formas aparecen como cordones de variado grosor que conectan personas y lugares estrechamente, según su empeño.

El apego a nivel de la relación entre parejas suele producir los cordones más gruesos y resistentes, por tratarse de un intercambio vital regular. Se forman trenzas de energía-substancia que facilitan la retroalimentación, intensificando lo sensorial y afectivo progresivamente. En una relación totalmente acoplada se crean en varios niveles, algunos de ellos inspiradores. Sin embargo, los cordones más dañinos, de calidad pesada y adictiva, se forman por correspondencia de fluidos vitales que fortalecen la experiencia de unión física. Lo que siente uno es sentido por el otro como sensación, emoción y pensamiento. Se potencia el poder y el control mutuos.

Mientras se mantiene estimulada una relación, estos enganches reflejan ciclos de oferta y demanda, reflejando la actividad física y mental de los integrantes. Por ende, sin una estimulación constante, comienzan a desintegrarse, causando síntomas de abstinencia física y emocional; la relación se convierte en una especie de esclavitud que exige continuo reabastecimiento comparable al de un vicio. De igual manera que un adicto no puede vivir sin su dosis, estas parejas no pueden vivir el uno sin el otro. Dejar el habito acarrea compulsión, desesperación, ansiedad, y descontrol.

Cuando una relación termina o se corta, se truncan los cordones y surgen los horrores de la desprotección y la vulnerabilidad indiscriminada. Sin aquel puerto seguro o canal exclusivo, el individuo derrama fuerzas vitales por todas partes, perdido en un hiato de confusión ensimismada. Invariablemente, las parejas se mantienen atadas y a menudo regresan a condiciones indeseadas para colmar la necesidad y mantener el ritmo del vicio. La mera posibilidad de privación crea un pánico y un dolor que sustenta la convicción de carencia. Es ahora cuando el miedo se convierte en síntoma principal, evocando experiencias pasada s y prospectos de un futuro gris. Basta el temor para regresar al hábito.

La identidad, así como la relación con los otros se escuda bajo la supuesta carencia, abarcando toda una serie de comportamientos basados en la creencia de que el miedo, como el apego, es real. Sus cordones, ahora virtuales, se extienden buscando justificativas y satisfacción.

El vicio mas difícil de vencer es el deseo que genera y estimula la sensación sexual. La costumbre de pensar en ello repetidamente fomenta un impulso que se excusa como siendo natural, sugiriendo que el sexo es una necesidad imperiosa equivalente al amor. Cuando no se tiene, algunas mujeres se creen insatisfechas, y los hombres se estimulan regularmente. Así ambos se entretienen con ideas de placeres posibles en un mundo virtual del bajo astral, donde se tejen invisibles cordones que evocan urgencia y necesidad que alimentan un clima de control y posesión.

Los seres humanos creemos que porque queremos algo, podemos tenerlo, reduciendo el mundo sensible y psíquico a un comercio sujeto a la producción y al consumo. Cada deseo del egoísmo de la personalidad es un mandato para la existencia. Normalmente usamos y nos explotamos los unos a otros y al ambiente, creyéndonos importantes y poderosos. Cuando despertamos a la ética espiritual, reconocemos que nada nos pertenece y que el único derecho que tenemos es colaborar con la Creación en donación y respeto.

El desapego es el gran reto para todos los que cursan el camino espiritual; crea enormes conflictos. ¿Cómo distanciarnos de las intensidades que han representado el gozo y la felicidad en nuestras vidas, los más preciosos momentos vividos en cuerpo y emoción? ¿Como desapegarnos de las personas mas significativas que seguimos amando profundamente? ¿Cómo transformar la calidad de ese afecto, honrando la amplitud de nuestro interior?

Cuando se viven sentimientos y panoramas internos a solas y en silencio, cuando se vislumbra una serenidad y también exaltación en medio de una sencillez y sensibilidad refinadas, y por otro lado nos vemos inundados por presiones externas, exigencias, dependencias y superficialidad… se produce una crisis; la persona consciente se convierte en buscador y cambia el rumbo de su vida. Descubre sutilezas y otros planos de inteligencia. Deja atrás las demandas y excesos que él mismo cultivó para abrirse al presente, en humildad. Entra en un proceso en donde trasciende los sentidos sin minimizar ni apagarlos. Reconoce lo que ha sido su realidad y despierta.

¿Como trabajar la sensación enquistada en el cuerpo y las emociones? ¿Cómo controlar el ardor de deseo insaciable que ha sido engendrado en la piel?¿Cómo manifestar un distanciamiento pacífico?¿Cómo lidiar con la autonomía en la pareja?

El egoísmo y la arrogancia humanos nos convencen que nuestra fuerza de voluntad personal es tan poderosa que el mero deseo de cortar un vínculo es suficiente, como si se tratase de una separación legal. La única manera que parece reunir suficiente fuerza para lograrlo es la ira y el rencor, o acudir a terceros para resolver nuestra vida y energía personal. Algunos círculos espirituales responden prometen ayuda por medio de ángeles y arcángeles de creencia popular que reflejan nuestras exigencias y, supuestamente cortan lazos por arte de magia o encantamiento, con una espada de luz o afirmación. Como si fuera tan sencillo como afirmar, “¡Te libero!” Otras organizaciones nos convencen que un fuego redentor, una oración, o algún milagro podrá eliminar males que los apegos han engendrado, creando así más y más engaño, ilusión, dependencia y esclavitud.

¿Cómo es posible anular o segmentar nuestra propia energía de vida, sin asumir la responsabilidad de nuestra explotación y sin transformarla? Sería como un niño que por solo decir “lo siento”, recibe el abrazo indulgente de sus padres que le sugieren que todo pasó. Como lo fue comprar indultos de la Iglesia en la Edad Media. No somos niños y no estamos en la Edad Media.

La libertad no es posible sin la disolución de filtros y que condicionan la energía. Es el justo opuesto de la esclavitud que, por algún tipo de auto-indulgencia o conveniencia nubla la percepción de lo que es real para satisfacernos en el momento. Es triste ver cuanto más las personas prefieren ser estimuladas por ciclos de excitación y miedo, que por libertad e inspiración.

 

Solución.

El apego no se disuelve; la energía que lo define se transforma y se circula. Requiere esfuerzo y disciplina, algo que para la personalidad es muy difícil. Solo ocurre a partir de la Voluntad (FPC) del creador en sintonía con el poder de su Presencia.

El trabajo de disolución del apego no es ni fácil ni sencillo. Mi intención en este artículo como en mi blog, es familiarizar al lector con la dinámica de creación de formas-pensamiento y cordones psicofísicos, para minimizar o evitarlos, comprender el sufrimiento que causan y la esclavitud que se vive en nombre del placer y la felicidad, y expandir la percepción y posibilidad de una vida en libertad.

 

Aplicación.

El único poder superior y por lo tanto capaz de transformar energías psicofísicas es el Poder-Voluntad del Yo. Nuestro propósito es identificarlo y aislarlo de la dinámica automática del pensamiento. Se requiere determinación y discernimiento, junto al dominio de campos de energía personal.

La herramienta que utilizamos en nuestra escuela para cambiar la cualidad de la energía es el Alineamiento Alquímico (http://www.lamujerinterior.es/el-alineamiento-alquimico/).

La intención en este momento es retirarle la justificación al impulso de apego, distinguiendo el significado de la calidad energética. (CONOCETE XXII).  

Primero se deja de atizar el fuego de la memoria o del deseo. No se trata de distracción, si no de observación, foco y sustentación.

Segundo, se hace una Introspección. http://www.lamujerinterior.es/conocete-ii/

Tercero, se evocan las energías de nuestros tres cuerpos de energía personal para aislar el significado (mental y emocional) que potencia el estímulo (físico). El foco personal de la Conciencia (http://www.lamujerinterior.es/e-books-manuales-de-estudio/), sin la influencia envolvente de la personalidad liberará la energía colocada sobre el significado personal.

Finalmente, la energía circula por el cuerpo con neutralidad, como un estado de ser natural espontáneo, sin estar atada a una persona o condición. Ahora está disponible y a nuestra disposición para ser usada apropiadamente.

 

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